Cosas de chamarilero

img_0151Ayer hablaba de ese echar un café mañanero, del por hacer algo y de la charla. Lo hacía hace tiempo con un amigo chamarilero de la ciudad vieja, antes o después de comprarle algo, libros, papeles, menudencias que las llamaba él, y otras cosas. Esta mañana he estado ordenando una vitrina que es como un chirrión del tiempo ido: cosas que tienen una historia que con seguridad no voy a poder escribir. Entre otros estaba este librillo que tenía olvidado.  Hacer que los que están en una sala aparezcan sin cabeza y sin manos. No estaría mal. Pero prefiero dejarme llevar por el espíritu navideño y el arrebatador chinguelbel. Prefiero la niebla, esa que ha caído ahí fuera como una losa. La niebla es un buen teatro de sombras. Vuelvo a mi amigo el chamarilero con el que traté durante muchos años de manera asidua, desde 1974, cuando le compré una farmacopea del XVIII. No tuvo una vida fácil y alguna vez me contó episodios terribles de su vida familiar… en otra ocasión el camarero del bar donde tomábamos café, aludió a algo sucedido “cuando los maquis” que le turbó. La gente tiene sus secretos y no los airea.

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