No les llega

838937d1320726929321Está visto que a los políticos no les llega y que viven alcanzados. Nada les basta para su tren de vida espectacular que es, encima, del dominio público… o casi, porque no siempre las canonjías de sus señorías se conocen al detalle, sobre todo cuando están escondidas detrás de eufemismos, como es el caso de los diputados que cobran dietas de alojamiento cuando tiene pisos en propiedad en Madrid, lo que es un abuso mayúsculo; pero nada inquietante porque hay tantos, y se puede hacer tan poco.

Esperanza Aguirre, con un salario de 94.758 euros al año ha declarado: «El sueldo de los políticos sólo da para ir a tiendas low cost como el Primark». Tal vez lo ha dicho refiriéndose a lo cometido por la vicepresidenta de Gobierno aparcando el otro día su coche oficial frente a un comercio de esos, en el carril reservado a los autobuses, algo que no es una demostración de verse obligada a comprar en esos comercios baratos porque no le alcanza, sino de algo peor: de hacer lo que les viene en gana porque tienen el poder y porque nadie se atreve con ellos. Un gesto que es un síntoma y una prueba de una mentalidad.

Esperanza Aguirre, condesa consorte de Murillo, pertenece a una clase social en la que solo caben los amos y los siervos, para la que el país real resulta invisible: ni desahucios, ni paro, ni pobreza, ni dependientes, ni carencias asistenciales… toros, solo piensan en toros, ferias y monterías.

Lo que los demás hemos visto es que «los políticos», y ahí se incluyen todos los que de la política viven, que no son solo los electos sino los que zascandilean a su sombra, han hecho de la actividad política un negocio colosal y cuando no da, hacen que la rebabas den, y de qué modo. Basta asomarse a las listas de Bárcenas y ver lo que daba el negocio.

También días pasados, Celia Villalobos saltó a la palestra de las sandeces rebuscadas y ofensivas al hablar de la excesiva longitud de las jornadas laborales que, en su opinión, es inadecuada porque los obreros la alargan dedicándose a hablar de fúrbol, de motos, y de unas misteriosas «otras cosas», como si ella fuera una visitante asidua de lugares de trabajo o un búho de esos que van espiando a los currelas. Y eso lo dice alguien que tiene la desfachatez de jugar a Candy Crush, no en un bar sino en el Congreso de los diputados, algo asombroso que solo puede suceder en este país del Viva mi Dueño. Lo dicho por la Villalobos es insultante no ya porque sea una maestra en esa indecencia de jugar a Candy Crush o dormir desde la Presidencia de un parlamento, sino porque es despreciar a la clase trabajadora ignorando las jornadas extenuantes de trabajo, los trabajos precarios, los contratos de explotación, los salarios de miseria, las horas de trabajo obligatorio no pagadas… toda la mugre que ella y su partido han permitido, alentado y puesto en marcha. En otro país los sindicatos le habrían obligado a tragarse esa baba.

Lo he dicho ya muchas veces. Lo peor es que esta gente cuenta con los votos de los por ella dañados, con los medios de comunicación que silencian lo que puede perjudicarles y expande la propaganda triunfalista oficial… y cuentan con un público devoto, con peñas de granujas y parásitos sociales que celebran copa en mano sus desplantes, porque son faenas de clase, cuando ni siquiera lo hacen voto en mano porque el día de las urnas muchos de ellos duermen la mona y solo se acerca a votar el servicio, a no ser que hayan quedado para después, para beberla y comentar el resultado de la montería, porque para ellos la política es una montería en la que se pegan unos tiros, y se echan una manos y unas copas: Escopeta nacional.

La mía es una opinión parcial y poco objetiva, pero creo que estamos gobernados por gente entre malintencionada y corta de luces, de una llamativa falta de escrúpulos, que puede causar daño no ya con apretar un botón, sino con abrir la boca, dar una orden y expresar unas ideas venenosas en cuyo fondo bulle el mundo de desigualdad y abuso que ellos han creado y mantienen en ebullición de ciénaga. No se trata de su anecdotario indecente, grotesco o estúpido, sino de síntomas de una mentalidad de señoritos y rentistas de casino que parece destinada a perpetuarse en el tiempo como una condena de malgobierno.

 

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Un pensamiento en “No les llega

  1. Hola Miguel, siento tocar el tópico de la guillotina que no funciona, es cierto, pero conduce el sentimiento de indignación ante estos personajillos de la jet político social. El que los políticos desdeñen el trabajo del obrero, del médico, del pueblo trabajador (como decíamos antaño), es producto de la indolencia general y del aplauso masivo a los listos a los mediocres aprovechados y ladrones por no seguir-delincuentes sin juicio ni castigo- por tanto sin perdón.
    El culto al éxito, el deseo de estrellato aunque sea a lo Rajoy ridículo y cenizo, nos hace una sociedad sin empatía, salvo excepciones. En medio de todo me parece que se está produciendo una metamorfosis en la sociedad y el individuo de la que tal vez podamos dar cuenta, sin pretender controlar los complejos movimientos de mareas desconocidas si aprender a servirse de ellas para levar anclas y planear fuera del puerto, no embarrancados, no varados en la playa aunque esté en La Provenza. No barados, salimos a remo con la marea, rumbo a lo desconocido. Igualico que en StarTek.

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