Apocalipsis, aquí y ahora

wandererAl embajador ruso en Ankara lo asesinan por la espalda mientras se dirigía al público de una galería de arte en las que se exponían fotografías. Una muerte en directo que ya ha hecho correr la tinta, encendido con fuegos de artificio las dichosas redes, provocado sesudas interpretaciones académicas, incluso filosóficas, que no explican nada, pero hacen ruido y sobre todo sosiegan. El victimario ha apelado a que se recuerde lo sucedido en Alepo y señala con su dedo al cielo, y el dedo es objeto de interpretación: un solo Dios, Alá, yihadista… ¿Justiciero? No, terrorista. Los cauces para hacerse oír o conseguir justicia son otros, como todos sabemos. El terrorismo solo puede ser de Estado, solo pueden practicarlo aquellos a los que no se les puede pedir cuentas, los que no pueden perder guerras ni abiertas, ni encubiertas, ni mucho menos salir perjudicados de su práctica violenta de la geopolítica. ¿Demagógico, conspiranoico? Mucho, no lo niego, pero la capacidad de digerir ruedas de molino tiene un límite. No sé nada de lo que hay detrás de las grandes noticias que a diario nos abruman.

Es imposible saber con certeza si ha habido oficiales de la OTAN dirigiendo a los yihadistas en Alepo y cuál es con exactitud la participación de países occidentales en los bandos en lucha, de manera directa, suministrando armas y combatientes, o de manera menos directa y más opaca, urdiendo tramas a distancia. ¿Novelería de nuevo? Cierto, mucha, pero algo que resulta inquietante: no se pueden poner en duda las versiones oficiales de los hechos ni lo que podríamos ya llamar la “doctrina de civilización” imperante, y se dan por buenas sin pestañear todas las decisiones oficiales. ¿Soldados a Irak? Sí, más… para defender nuestros valores y para que de paso el negocio colosal del armamento no se detenga. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 21.12.2016, aquí enlazado)

*** La ilustración es The Wanderer, de George Grosz.

Anuncios