Días de más o menos

img_0172Hace unos días tuve un accidente que, como muchos, pudo tener consecuencias más graves de las que ha tenido. No hice nada para provocarlo. Estar donde estaba, sin más. Me encontraba estupendamente justo antes de que ese estado de bienestar anodino y poco apreciado desapareciera y en su lugar llegara el dolor, la inquietud y las limitaciones de movimiento y vida cotidiana. Todo lo que hacía a diario se ha visto alterado. Novedades con las que no contaba. A ratos me olvido de lo que ha pasado y solo las punzadas del dolor me recuerdan que el daño está ahí, y que va a tardar en desaparecer del todo. No me gustan los hospitales y ahora tengo que acudir a uno de ellos a diario. Me dicen que de buena me he librado y me lo explican, y acepto ese consuelo sin rechistar y procuro no representarme “lo que podía haberme pasado”. No me gusta el vértigo de las películas de terror. El accidente me ha servido para apreciar en lo que vale la simpatía de la gente con la que tengo una relación habitual, estrecha o episódica, incluso virtual. Además estoy muy agradecido al personal sanitario que con buen humor y simpatía me ha atendido a diario. Eso cuenta mucho. Bien es verdad que también me ha servido para darme cuenta de que no puedes exigirle empatía a nadie, y que cuando te pregunten qué tal estás, lo mejor es decir bien y pasar a otra cosa, ni siquiera el “bien o te cuento”; además, aburres, y la urgencia que puedas tener en contar lo que te ha pasado resulta a la postre obscena. Cada cual entiende lo que le viene en gana y siente y padece según sus criterios. Peliagudo asunto ese de la empatía y de admitir que su falta es más común en todo orden de cosas que los sentimientos de simpatía o elemental fraternidad. Que te de por pensar de manera senquista y por cortejar el recio y apretado discurrir sobre la vida y sus azares, es una forma de sobrellevar el porrazo, pero dudo que de los golpes aprendas algo que no vayas a olvidar a la vuelta de la esquina o por el  empujón de la riada de los días.

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8 pensamientos en “Días de más o menos

  1. Hola Miguel, No se si te acuerdas de mi…. soy Juana Plaza. Hace muchisimo que no nos vemos, pero yo te sigo a traves de tu blog. A ti parece que se te ha olvidado el camino a Zubigain… Que te ha pasado? Algun “itzilipurdi” en uno de tus paseos? Ten cuidado que ya no estamos para tonterias!! Que termines bien el año, y que el que viene sea mejor. Un abrazo muy fuerte y a ver si algun dia hay suerte y nos encontramos por ahi… o por aqui!!!

  2. Pues no, la verdad, no caigo…

    Un consejo: no vayas al almorzar con ergelas que igual hacen contigo un zikiro sin tu permiso

    Un abrazo grande y cariñoso para toda la familia (grande tiene que ser la verdad)

  3. Hola Miguel. Ay Demontres¡, que dice mi vecina de Car Car. Importantes temas surgen del azar, sobre todo si el dolor está implicado. Uno se hace hipersensible y queda al margen viendo que nadie se pone en su pellejo-empatía-; asistes a una diversión nada simpática, aunque se pretende, alrededor de la suerte que has tenido y a veces ves que mala hierba nunca muere, a joderse. La malicia. Cuídate mucho, querido amigo. Dependemos de tus dedos cotidianos tecleando, cercano, con esta panda de amigos de nuevo tipo -SXXI-, emprendiéndola todos los días a pensar que pasa, que hacemos. Un fuerte abrazo.

  4. Gracias, Javier… ay, qué gracia, hasta las puntas de los dedos se jodieron… un gran abrazo hasta el barrio de la funámbula

  5. Por mi experiencia (ahora se van a cumplir 8 años, porque el nacimiento de los accidentes tienen fecha y avanza su paso por el tiempo, como los cumpleaños) tras sufrir un grave accidente acabé apreciando aún más la vida, el vivir a diario, pues como afirmaba con fuerza José Mujica: “La vida es un privilegio, por lo que hay que luchar por ella…”, aunque creo que la vida no es un privilegio divino sino que es una desconocida-aún-. Que haya logrado atravesar un año más de vida eso sí que es un privilegio (no divino, por supuesto), por lo que desde esta humilde mesa te invito a que continúes tu marcha y nos sigas ilustrando, y te deseo para todo este año que ya ha comenzado ¡SALUD, PAZ Y TRANQUILIDAD! Un abrazo, Miguel, desde el Sur.

  6. Hay quien le llama a los accidentes y desgracias, Loteria…pues mejor si fuera la otra, pero en tu caso con el optimismo que tienes, en un mes nuevo y es que no hay mejor fármaco que la voluntad positiva de la persona, Ayer en la farmacia de mi pueblo, comprando algo me subí en la báscula de peso y….99’9 kilos…en mi vida!!! Cual sería mi disgusto, que me fuí a casa a merendar, ajoarriero, mucho vino…y volví a la farmacia y sí, 100’6…bueno, ya voy a volver andar en el monte, salud y un abrazo Miguel.

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