Tabula rasa (Cuaderno de Arraioz)

c3z74b7xaaa7gla-jpg_large 1.-Indignación: palabra en desuso… ¿tal vez por desgaste? De manera incomprensible en todo caso (Diccionario locoide)

2.- Despertarse de golpe (y porrazo), de madrugada, con esta frase en la cabeza: “La suerte está echada”. No vuelves a pegar ojo.

3.- La difícil generosidad intelectual de reconocer el valor del trabajo ajeno… aunque no sea de tu cuerda, y precisamente por eso.

4.- No tenía razón Ambrose  Bierce cuando en su Diccionario del diablo decía que un inmigrante es una persona desinformada que cree que un país es mejor que otro, no por fuerza.

5.- Sigo con Bierce. entre el dolor y la muerte de un infierno y el tufo a podre de un pozo negro, no solo hay diferencia, sino un respiro.

6.- El número incesante de muertos en el asalto a este paraíso podrido: renglones de una alegación fiscal que tal vez a nadie alcance.

7.- Francisco Umbral murió dictando un artículo… ininteligible, pero dictando, peleando con palabras. Para escritura incesante, la suya.


9.- Me dijo: “El otro día me tropecé con un furtivo que cuando le pregunté a qué le pegaba, me contestó que estaba a la caza de un golpe de suerte” (Encuentros azarosos en el bosque de Arthur Rackham)

10.- Nunca sospeché que, a cierta edad, la lectura de los libros más íntimos de Francisco Umbral, como Un ser de lejanías o sus diarios, iban a ser un bálsamo. 

 11.-A cierta edad, la de las puertas cerradas, lo mejor es tener abiertas las ventanas… o perderse en el bosque, que no tiene puertas.
 12.- Las máscaras de la envidia… muchas, vergonzosas todas (y cosa ajena siempre).

Luces

_dsc0019Anda, sí, ponte a trabajar con un crepúsculo como ese delante de tu mesa de trabajo… y cuando no es eso, es cualquier otra cosa… sobran los pretextos.
¿Contemplación, ensimismamiento o que el trabajo se te hace cada día más cuesta arriba por falta de otro sentido que no sea el trabajo mismo, la escritura, una febril grafomanía…?

Correo del pozo negro

max-beckmann-la-sociedad-de-paris «La ‘brigada política’ de la Policía chantajea al CNI y a la Casa Real con tirar de la manta del ‘caso Corinna’»… Ese ha sido esta semana un buen titular de prensa, del diario Público claro, un titular de noticia bomba que, como viene siendo preceptivo, ha quedado en petardo callejero de gamberro que molesta a la gente de orden que prefiere tener el Hola y similares como norte ideológico.

Si hubiese sido este el primer titular de estas características, podríamos decir que se trata de una excepción y hasta amagar un gesto compungido, pero no ha sido el primero ni va a ser el último. No importa de qué caso se trate, sino de su gravedad, tomada por noticias banales de prensa sensacionalista y no por asuntos que atañen a la podre en la que se sustenta un sistema político, un régimen deleznable, ese en el que vivimos. Hay una prensa, que crea opinión, que omite hablar de estos asuntos y los minimiza, y da crédito por sistema a lo que el gobierno ordena.

¿Cómo es posible que haya una mafia policial? ¿Cómo que se atreven a chantajear al Centro Nacional de Inteligencia y a la Casa Real? Eso es de esperpento. Valle Inclán no desapareció nunca de escena. «Viva mi dueño» no es leyenda de cuchillo de bravucón, sino vítor de ciudadano convertido en súbdito sumiso, obligado a aplaudir hasta con las orejas y a agitar banderitas que de puertas adentro detesta.

Y si al titular anterior añadimos ese otro que dice que la cúpula policial anda mezclada en el caso del pequeño Nicolás que, ya se dijo, podía hacer temblar la estructura misma del estado, el esperpento da en burla. ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Va a ser verdad que no es una majadería de mortadelos? ¿Por qué? No se sabe y ahora se sugiere con cautela que «El número dos de la Policía ocultó datos al juez al declarar como testigo en el caso del ‘pequeño Nicolás’». Tampoco importa mucho, por no decir que no importa nada… ¿Qué más daría un nuevo caso de falso testimonio (presunto, eh)? ¿Qué más da si detrás de todo esto danzan las sombras de la impunidad más absoluta para actuaciones ilegales, indecorosas, impropias de un estado moderno, desde las propias instituciones del Estado? Será verdad lo que dijo uno de los abogados supervivientes de Atocha, que estamos en una democracia de mínimos, y eso es una forma muy fina de decirlo.

¿Asombro ante los hechos que ahora son noticia bomba? Ninguno, o bueno, uno, sí, que un lío de faldas, infidelidades, juergas, despiporres, a costa del erario público, no sea, por este motivo, una cuestión de política nacional. ¿Qué hemos pagado, qué estamos pagando, y a quiénes, y por qué? No es posible que no se le pidan responsabilidades a nadie por la creación y actuaciones de una policía política a sueldo del gobierno. Parece como que nada de todo esto indigna, que solo es humo de redes sociales, marginalidades. El país real lo manejan otros. Nos hemos acostumbrado, estamos, más que amaestrados, atados de pies y manos, amordazados, inermes, agotados. Y además, es más fácil comentar esos asuntos, vasito o no en mano, con sus tapitas de escupir, en el bar de la tribu; es más fácil asombrarse, escandalizarse, indignarse –¿o esto de la indignación era hace ya cinco años?–, pero en balde, que hacerlo de manera eficaz y contundente del robo que nos perpetran a diario con la electricidad, que oponerse de manera firme al robo de la banca, que hacer lo mismo con la amenaza real a la libertad de expresión o hablar del miedo real que atenaza a buena parte de la sociedad a quedar indefensa frente a contingencias de salud, de alojamiento, de trabajo, de alimento, de vejez, de su miedo a una justicia ante la que siente que tiene todas las de perder… el miedo a la pobreza y a sus consecuencias reales. Nada, esto no tiene importancia, para eso está la juerga de los poderosos y las vertiginosas estadísticas de sus riquezas, eso lo arreglan los pequeños nicolases que pululan por este escenario de esperpento de sesión continua en el que estamos, y además, para el jolgorio de titulares y noticias bomba, ya está Trump con sus delirios. ¿A qué ocuparse entonces del pozo negro que nos rebosa en nuestra propia casa?

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 19.1.2017

 

La brouillarta

c3rpqtuweaei473De ese golpe súbito y violento de viento, que trae consigo la galerna,  hay que huir como de la peste… lo malo es que, mucho más a menudo de lo que te gustaria, lo llevas en el equipaje, también llamado, de bárbara manera, “zacuto de pensar”. Hay quien parece no paderlo nunca… a puerta cerrada no sé qué harán.  (Pulgas de Quintaou)

Aviso de caminante…

img_0053…o vanitas vanitatis, o lo que gusten. Esa escena de las pulgas de Quintaou esta mañana, es la misma que se puede ver  en cientos de mercados de pulgas a donde van a parar los derribos de los últimos domicilios y por tanto algo banal, habitual… “Los libros ya no valen nada”, es una de las frases que más se oyen, y la suele decir quien quiere comprarlos a pedo burra y venderlos (hipotéticamente) a doblón. Hay quien añade: “Ya nadie los quiere” “Hay que pagar para que se los lleven”. Los precios de esos mercadillos suelen ser irrisorios. Libros de derribo, muchos nuevos, sin señal alguna de haber sido leído, otros hechos trizas por las sucesivas cargas y descargas. Hay libros valiosos y libros que nada valían incluso el día que fueron puestos en la mesa de novedades. Por pura manía he rescatado una novela de Binet, que no es santo de mi devoción, nuevo; bueno, nuevo no del todo, se nota y mucho que la lectora –¿Por qué digo lectora? ¿Tal vez por el gesto medio desdeñoso de la vendedora?– se ha aburrido en la página 46, la enésima historia de las hermanas Mitfod, el Istanbul de Pamuk nuevo, poemas en Saint-John Perse en espléndida edición… Puro vicio o manía inexplicable (como todas). “Hoy no hay nada… como anunciaban lluvia”, me ha dicho un habitual de los mercadillos de la zona. He asistido al derribo y desbarate de varias bibliotecas espléndidas, y creo que con ellas se ha ido la historiaa y la memoria de quienes las formaron… y supongo que ese es el destino que le espera a la mía. ¿Me inquieta? A ratos, porque lo veo como algo inevitable.  Mientras tanto seguiré disfrutando, al paso, de los que tengo y haciendo lo que en un catálogo he visto que llaman “ejemplar de trabajo”, y que cuestan mucho menos que los gastos de envío… es decir, subrayando donde me parece conveniente, porque total para qué, y aun así no renuncio al rebusco… Perucho me decía que él aspiraba a encontrar en alguno de aquellos libros al paso, la explicación al secreto de su propia vida, por mi parte con tomarlos como salvavidas o respiraderos o ventanas o por el placer de leer, sin más, me conformo… además, ahora la memoria me juega malas pasadas. Sé también que no podré leer todos los libros que tengo, algo que le oí decír con dolor, hace más de 4o años, a un señor mayor (que vete a saber si no sería más joven de lo que yo soy ahora, en una librería de viejo de la rue Saint-Sulpice… Y hasta la próxima, claro.

Aldaba para la casa muerta

_dsc0021¿Cómo encarar la escritura de libros que sabes con certeza que no se van a publicar…?
–Eso usted no puede saberlo… –dice no mi sombra, sino el mala sombra que está de guardia, al acecho, ese falso interlocutor, el de las ideas preconcebidas y la inmensa seguridad en sí mismo y sus prejuicios.
–Ese es precisamente el problema, que ahora lo sé, que me lo han hecho saber, que el gusto del editor se imponen (o la ideología o los prejuicios bobos o el peso de una leyenda difamatoria) y no tienes tiempo para escribir como quien juega al tute o al póker. Escribir no es una charada ni un dictado, ni mucho menos una timba.
–Allá usted entonces…
–En efecto, en ello estoy…

 

Hondarribia (Diario volátil)

_dsc00101.- Que la memoria te huela a muerto es algo más que una frase bárbara… es un peligro.
2.- Lugares cuyo presente te es imposible vivir, ni siquiera de forma pasajera, es en el recuerdo de lo vivido donde lo haces, la niebla en la que te debates: aquí fue, aquí estuve con.. (aquí caras perdidas o las de gente que ya no está), aquí vivía Sistiaga, aquí compré el cuadrito de los pescadores azules de Sagarzazu, aquí expuso Remigio Mendiburu, en esa mesa comí con… Hondarribia/Fuenterrabia es uno de ellos. No cuenta lo que es –salvo lo que puedas comer no en cualquier sitio, sino en el escenario de los mejores recuerdos o la caminata que des y no te derribe–, cuenta lo que fue, lo que forma parte de ti si lo cuentas, el accidente que pudo costarte la vida, los días de la vida,  la gente que te ha facilitado el estar hoy escribiendo estas líneas y cuyo recuerdo honras… literatura de la memoria en tiempo de peleas.
3.- Los aniversarios espesan la vida… como explicarlo, asombran, te hacen verte más rompecabezas que nunca… “¡Pero cómo es posible… tanto tiempo!” Sí, eso tanto tiempo.
4.- Dudo de que lo vivido esté a la espalda, como no ejercites el recuerdo, no está en parte alguna… como no sea en las cicatrices.