El daño no es de ahora

780-george-grosz-6ab_zpsy4bdxb2u-jpgoriginalHay países que se rigen por firmes o cuando menos sólidos principios democráticos y por una referencia clara de respeto a las leyes. Me temo que España no se encuentra del todo en ese caso: el nuestro es un estado de Derecho más para unos que para otros, débil, más convención de conveniencia que una realidad que dé plena seguridad a todos los ciudadanos. En España está visto que el fundamento más claro del régimen político instaurado bajo la presidencia de Mariano Rajoy no es la ley, sino la arbitrariedad de los gobernantes y la impunidad para ellos y sus cómplices y beneficiarios de todas sus actuaciones abusivas, sectarias, clasistas; algo que nos acerca poco a poco a un régimen autoritario, de todo lo de nuevo cuño que queramos, pero autoritario.

Aquí encontramos una impunidad en las actuaciones de gobierno o los hechos cometidos a su amparo, que, en muchos casos, no es sino una clara tendencia a la inmunidad, a la voluntad de quedar fuera del alcance de la ley o de convertir las irregularidades o los abusos en esta. El sustraer a los jueces cuestiones de orden público y convertirlas en asuntos administrativos es una clara muestra de esa voluntad. Y tienen conciencia de haber venido para quedarse, como sucede en otros regímenes y países que ellos critican. Esa es otra, los demonios están siempre fuera. No hay espejos, la autocrítica está proscrita. Basta reparar en sus reacciones cuando son atrapados de manera flagrante en actos cuasi delictivos o cuando menos indecorosos con descaro. (SIGUE, artículo publicado en Cuarto Poder, 11.1.2017, aquí enlazado)

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