La luz del crepúsculo (A cierta edad)

dsc_0009“Ah los miles de damnificados por el crepúsculo”, escribe Francisco Umbral en Un ser de lejanías, su diario/dietario del año 2000, en donde confiesa su miedo (móvil) al miedo, siempre nocturno, a la enfermedad, al fracaso –él mismo se asombra de decirlo–, a la soledad, al dolor, a la vejez… Tenía 68 años y estaba lleno de fuerza creadora.  Es la luz y la escritura, dice, lo que le salva del miedo. La escritura como consuelo, sí, cuando ya nada se espera. Hoy, cuando abrí la puerta de casa, las campanas del pueblo tocaban a muerto. A mí es el día el que me inquieta, salvo que camine, salvo que en la escritura no sepa si es de día o de noche, o si esa escritura va de verdad a algún lado y no pasa de ser algo clandestino, epigonal. El día. Un amigo me escribe para decirme que por el momento ando viviendo “en el pozo” y yo, para encorajinarme, me acuerdo de aquel relato del hundido en un pozo de arenas movedizas al que ya tragado una poderosa corriente subterránea  arroja de nuevo a la superficie: moralidades para baldados, bálsamos de tigre, como la propia escritura, durante un rato, conjuros y milluchadas para hacer que el alma regrese, esa que se fué y nadie sabe cómo ha sido ni por dónde anda. A cierta edad, cuando ya poco se espera… versos estos que cada cual se escribe como puede, como le dicte el cuerpo.

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4 pensamientos en “La luz del crepúsculo (A cierta edad)

  1. “Toda la vida te mueres de miedo de morirte”, escribe Quevedo en La cuna y la sepultura, y a modo de remedio para este mal, propone: “mira que eres el que ha poco no fuiste y el que, siendo, eres poco y el que de aquí a poco no serás; verás cómo tu vanidad se castiga y se da por vencida”. Sí, son moralidades para baldados, pero con este frío los clásicos hacen las veces de una sopa caliente. Y como de Quevedo a Torres hay solo un paso, termino con él cuando en Correo del otro mundo dice que “debemos esperar la muerte empleados, que después de ésta lo sabremos todo.” Torres es un ejemplo a seguir. Estando en las últimas (y al menos sobre el papel) se retrató “destilando vida y más vida, con gusto y con cachaza.” Un saludo y mucho ánimo Miguel

  2. Detrás de la contraseña me encuentro yo, Gustavo. Por razones que desconozco (misterios de la informática) no puedo firmar hoy con mi nombre. Seguro que la aclaración está de más, pero por si acaso. No era mi intención esconderme. Espero arreglar la cosa esta de las contraseñas, con las que siempre me hago unos líos fenomenales, para la próxima vez. Gracias

  3. ¿Solo tú? A cierta edad.. cómo entiendo esa expresión de armarse “unos líos fenomenales”, Un saludo muy cordial

  4. Hola Miguel. Las campanadas a muerto, vuelan desde el pueblo acogido en el monte, suenan como ecos del siglo XX. Como ecos de siglos y edades en esos desfiladeros de los Pirineos las esquilas y cencerros flotan entre el silencio y el borbor del bosque invernal. Las almas de los enterrados escapan de la luz y estos días ziriquian porque “pronto vendrá la primavera, molino que mueles los meses y tendrás las aspas llenas de flores”-más o menos Huidobro-. Que cabrón es el frío¡. Hasta pronto Miguel, no olvides la bufanda¡.

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