El bosque, ese refugio.

img_0023Estaba hermoso el bosque esta mañana. Hacía semanas que no salía a caminar  y lo echaba en falta. Necesidad. Y como siempre, nadie, unas horas de soledad, silencio relativo, luces y sombras, juegos del sol y las nubes, musgos brillantes, helechos, hiedras que la helada no quema, árboles derribados, y sobre todo el saberse afortunado por  tener a la puerta de casa este refugio, un lugar donde cerrar los ojos, respirar, oler musgos, maderas, oír el vuelo o el graznido de algún grajo, esquilas, ladridos lejanos, saber que en la espesura hay algún animal que no sabe que mi miedo es superior al suyo. El bosque no engaña. En el bosque no te pierdes, te encuentras, que a veces asusta más que perderse, la ansiedad desaparece y el gozo de los pasos y los sentidos sustituye a las ideas negras. No es por fuerza garantía de tener el corazón en calma por ir de ningún sitio a ninguna parte, si te descuidas, te llevan todos tus diablos. El bosque, para mi irrenunciable. Gratitud.

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