La venganza

captura-de-pantalla-2017-01-24-a-las-08-19-31Es uno de los personajes de L’Homme du train, de Leconte, a la que ayer me refería, quien lo dice, uno que solo dice una frase al día, a las diez en punto de la mañana, y el resto del día calla y piensa. La venganza, gran asunto y mala prensa. La suele proscribir quien la practica y sobre todo quien sabe que no puede practicarla, porque no tiene fuerza, y hace de su condena, virtud. Renunciar a vengarse es más un cálculo de probabilidades, que el ejercicio de una virtud que, como todas, tiene sus trastiendas. La venganza, su condena, es motivo de grandes frases, cuando tengo para mí que renunciar a ella es un asunto privado, como lo son todos los que de verdad son de conciencia.

Acudo a Rafael Alberti, en “Nocturno”

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas.
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Hermoso poema, intenso, el de Rafael Alberti,  que no hay que tomar al pie de la letra porque lo de las balas es mera fantasía: por regla general las suelen usar otros, no tú, tú vas de blanco de feria, como mucho.

captura-de-pantalla-2017-01-25-a-las-08-02-12

Anuncios