Correo del pozo negro

max-beckmann-la-sociedad-de-paris «La ‘brigada política’ de la Policía chantajea al CNI y a la Casa Real con tirar de la manta del ‘caso Corinna’»… Ese ha sido esta semana un buen titular de prensa, del diario Público claro, un titular de noticia bomba que, como viene siendo preceptivo, ha quedado en petardo callejero de gamberro que molesta a la gente de orden que prefiere tener el Hola y similares como norte ideológico.

Si hubiese sido este el primer titular de estas características, podríamos decir que se trata de una excepción y hasta amagar un gesto compungido, pero no ha sido el primero ni va a ser el último. No importa de qué caso se trate, sino de su gravedad, tomada por noticias banales de prensa sensacionalista y no por asuntos que atañen a la podre en la que se sustenta un sistema político, un régimen deleznable, ese en el que vivimos. Hay una prensa, que crea opinión, que omite hablar de estos asuntos y los minimiza, y da crédito por sistema a lo que el gobierno ordena.

¿Cómo es posible que haya una mafia policial? ¿Cómo que se atreven a chantajear al Centro Nacional de Inteligencia y a la Casa Real? Eso es de esperpento. Valle Inclán no desapareció nunca de escena. «Viva mi dueño» no es leyenda de cuchillo de bravucón, sino vítor de ciudadano convertido en súbdito sumiso, obligado a aplaudir hasta con las orejas y a agitar banderitas que de puertas adentro detesta.

Y si al titular anterior añadimos ese otro que dice que la cúpula policial anda mezclada en el caso del pequeño Nicolás que, ya se dijo, podía hacer temblar la estructura misma del estado, el esperpento da en burla. ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Va a ser verdad que no es una majadería de mortadelos? ¿Por qué? No se sabe y ahora se sugiere con cautela que «El número dos de la Policía ocultó datos al juez al declarar como testigo en el caso del ‘pequeño Nicolás’». Tampoco importa mucho, por no decir que no importa nada… ¿Qué más daría un nuevo caso de falso testimonio (presunto, eh)? ¿Qué más da si detrás de todo esto danzan las sombras de la impunidad más absoluta para actuaciones ilegales, indecorosas, impropias de un estado moderno, desde las propias instituciones del Estado? Será verdad lo que dijo uno de los abogados supervivientes de Atocha, que estamos en una democracia de mínimos, y eso es una forma muy fina de decirlo.

¿Asombro ante los hechos que ahora son noticia bomba? Ninguno, o bueno, uno, sí, que un lío de faldas, infidelidades, juergas, despiporres, a costa del erario público, no sea, por este motivo, una cuestión de política nacional. ¿Qué hemos pagado, qué estamos pagando, y a quiénes, y por qué? No es posible que no se le pidan responsabilidades a nadie por la creación y actuaciones de una policía política a sueldo del gobierno. Parece como que nada de todo esto indigna, que solo es humo de redes sociales, marginalidades. El país real lo manejan otros. Nos hemos acostumbrado, estamos, más que amaestrados, atados de pies y manos, amordazados, inermes, agotados. Y además, es más fácil comentar esos asuntos, vasito o no en mano, con sus tapitas de escupir, en el bar de la tribu; es más fácil asombrarse, escandalizarse, indignarse –¿o esto de la indignación era hace ya cinco años?–, pero en balde, que hacerlo de manera eficaz y contundente del robo que nos perpetran a diario con la electricidad, que oponerse de manera firme al robo de la banca, que hacer lo mismo con la amenaza real a la libertad de expresión o hablar del miedo real que atenaza a buena parte de la sociedad a quedar indefensa frente a contingencias de salud, de alojamiento, de trabajo, de alimento, de vejez, de su miedo a una justicia ante la que siente que tiene todas las de perder… el miedo a la pobreza y a sus consecuencias reales. Nada, esto no tiene importancia, para eso está la juerga de los poderosos y las vertiginosas estadísticas de sus riquezas, eso lo arreglan los pequeños nicolases que pululan por este escenario de esperpento de sesión continua en el que estamos, y además, para el jolgorio de titulares y noticias bomba, ya está Trump con sus delirios. ¿A qué ocuparse entonces del pozo negro que nos rebosa en nuestra propia casa?

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 19.1.2017

 

Anuncios