Martes de carnaval

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Con imágenes de Domingo de Carnaval, la película de Edgar Neville, mi preferida, con Conchita Montes, aunque hoy sea martes de destrozonas, disfraces, cortejos de carroñas, berridos, allí donde todavía se celebre el día del mundo al revés y los ajustes de cuentas del de abajo hacia el de arriba, y no un episodio de folclore controlado, subvencionado, vigilado… y multado. Día también de nostalgia de carnavales pasados, en Baztan sobre todo, embestidas del oso en Arizkun, inolvidables «damas», tambores y cortejo de máscaras, en Erratzu… No volveré a ser jóven.
–¡Uuuh, pero si eso fue hace mucho!
Poco importa, lo que cuentan hoy son las máscaras y los versos de Jaime Gil de Biedma, escritos cuando era de verdad joven:
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Pero esto, mañana, mañana, en el baile de los tartufos.

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De la corte de los milagros

bagaria Venía de lejos y va a ir más lejos todavía. Quienes desde su olimpo de ventaja y púlpito de primera no quisieron verlo, y todo era apocalipsis y tremendismo, ahora callarán también, porque qué le importa a un columnista de los medios de comunicación afines al Gobierno, la libertad de expresión de los de abajo, de los que están fuera, de los de verdad disidentes; y, lo que es peor, qué les importa a sus lectores que callen, multen o amordacen a quienes les pueden decir algo que no les guste e incomode, si ya tienen su hoja parroquial con su suministro doctrinario asegurado. Al revés, un amplísimo sector social encuentra acertadísimas las condenas a raperos, tuiteros, titiriteros, cantantes, actores… como encontrará sin duda acertadísimo que se establezca una censura previa de prensa, hoy por hoy innecesaria, en la medida en que los medios de comunicación mayoritarios apoyan sin reservas, por aclamación o silencio cómplice, todos y cada uno de los atropellos gubernamentales. Para el resto sobra la censura, con la recortada de las multas y la prisión, basta.

«¡¿A dónde vamos a ir a parar si todo el mundo puede decir lo que le viene en gana?!», dice la gente de orden; y entre ellos y a carcajadas, añaden: «Y no solo nosotros, los de siempre».  Porque la

incitación al odio, las humillaciones, las calumnias e injurias graves (frente a las que la víctima se encuentra en situación de indefensión en la práctica), enaltecimiento de dictaduras y sus crímenes, no van con ellos porque se saben protegidos por unas leyes (ausencia) y por un sistema judicial afín a su ideología.

Cantantes, raperos, titiriteros, tuiteros, artistas plásticos… «¡No todo vale!». De acuerdo, de acuerdo… Pero entonces, ¿qué es lo que de verdad vale? Es necesario preguntárselo una vez más porque los límites de la libertad de expresión se van estrechando de manera alarmante.

«Quien no ha hecho nada no tiene nada que temer…», dice el otro granuja en su mentidero o sala de prensa.  Claro que tiene, ese, en el actual sistema jurídico español, ese el que más. La indefensión nos la ha servido un Estado fallido que utiliza su aparato legal como un trapo de fregar al que, a fuerza de retorcerlo, todavía se le puede sacar algún jugo dañino para alguien o para algo.

«AI denuncia que España recorta libertades utilizando el enaltecimiento del terrorismo», algo que, encima, cuando se examinan al detalle los hechos motivo de las condenas raras veces se encuentra de manera clara y expresa. En cambio, acusarte de complicidad con terroristas no es delito, sino libertad de expresión, según reiterada jurisprudencia (pequeña) de tribunales afines al Partido Popular. Y me temo que el viejo delito de desacato a jueces y magistrados por las críticas a sus actuaciones que todavía podemos hacer, es cuestión de tiempo que se reponga. Sacralizar, excluir de la crítica, silenciar la disidencia radical es el objetivo de los que hoy tienen el poder en sus manos.

No puedes llamar ladrón a quien te roba, ni elevar de verdad la voz ante lo que es una agresión gubernamental en sesión continua, ni disentir de manera radical del sistema en su conjunto, ni decir que da un pelotazo quien es del dominio público que lo da, porque la especulación está en la base del negocio inmobiliario, lo pintes como lo pintes.  Esto viene de atrás y fue inútil advertirlo, y me pregunto de qué sirve señalarlo ahora. ¿Para que quede testimonio de lo que está sucediendo? Eso son gollerías. La hojarasca tapa la hojarasca. El mundo en el que vamos viviendo es otro y se rige ya por otras leyes.

Pienso en las corrosivas portadas del dibujante Luis Bagaría (1882-1940… muerto en el exilio) para la republicana revista España, fundada por Ortega y Gasset hace un siglo, antes de Revista de Occidente, y pienso que hoy, con el gobierno del PP y su claque, el dibujante no duraba un minuto en la calle. Pienso en todos los atropellos del franquismo… ¿y Valle Inclán diciendo que los españoles habían echado al último Borbón, pero no por rey, sino por ladrón? Corte de los milagros, la nuestra donde quien la hace, por su nombre, su cargo y su posición social, no la paga (salvo que no sea de la famiglia) y no corre riesgo alguno de fuga porque siempre ha estado lejos, inalcanzable para las últimas consecuencias de esa ley que a los demás nos tiene echado el cepo a las manos y a la lengua, y enseguida el cerrojo a las seseras.

Murgas de Quintaou

Acercarse a las cosas con apetito, alejarse por repugnancia, sostenía Lezama Lima, tal vez fuese mejor hacerlo un poco antes.

Crucigrama diabólico: «Bonita operación inmobiliaria, 8 letras»… ¡Pelotazo!… Cierto, pero la multa es de 1.000 euros si lo dices.

¿De quién era aquello tan vitriólico de: “Fuimos tan amigos que me enseñó su colección de sellos”?

Conversación con un bibliófilo:
–Oye, se ha muerto mi madre.
–¡Pues me acabo de comprar una hojita venguardista bandera!

«La mayoría de los escritores llevan vidas tan insignficantes, que en cuanto hay uno menos topo que los otros, no es creido» (Ch. Dantzig)

La patada en la boca

¿Es o no esto una incitación al delito impune? ¿Y de no actuar la fiscalía y el juez de instrucción, no desligitimaría eso, no ya el principio de autoridad famoso, sino la administración de justicia misma?

¡Cómo me gustaría conocer la opinión de la magistrada Murillo sobre este asunto!

¿Desde cuándo la indefensión ciudadana ante los abusos de autoridad está servida y más que servida?

El silencio de los gurús de los grandes medios de comunicación ante este y otros hechos es estruendoso.

 

El Sindicato Unificado de Policía denuncia que un mando de la Unidad de Prevención y Reacción pide a sus subordinados que se empleen con brutalidad: “Aquí menos…
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«El que la hace, la paga»

«El que la hace, la paga», dicen con manifiesto cinismo quienes  manejan las riendas de este fabuloso desgobierno.

A qué comentar lo que se comenta solo… Ya no se trata tanto de comentar, sino de actuar y eso, eso son fantasías.

«¡Esto va a explotar por algún lado!»… No, esto no va a explotar por ningún lado. La patada en la boca la tenemos asegurada no bien pisemos la calle.

Quienes siempre han estado lejos (muy) del mundo en el que vivimos la gente común, no corren riesgo de fuga alguno.

 

La acusación particular, que ya ha pedido al tribunal que se celebre una vista para adoptar medidas cautelares, cree que existe riesgo de fuga y añade que debe…
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La ley es tela de araña

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«Particulares circunstancias, sobradamente conocidas, nos eximen de su pormenorizado análisis.»
Y se acabó la función…
La ley es tela de araña
«Si a esto se llama igualdad…»
A mí, a veces, Zitarrosa me reconforta.
Amargo.
Hay su dificultad… mejor no olvidarlo.

«Las pirañas» sobre la mesa

 

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Cuando llegaba un nuevo libro a casa era motivo de celebración y un rito ponerlo sobre la mesa. Ahora no es muy diferente, pero ante este libro, 25 años después, siento una melancólica incredulidad. Miro hacia atrás y me tengo que creer lo que veo: un barullo. Tuve que escribirlo, era para mí un libro necesario, una puerta a franquear. Casi me alegro más por la gente que se ha ilusionado con su edición y puesto mucho empeño en ella que por mi mismo. Les estoy muy agradecido a (por orden de aparición) Víctor San Frutos, Beatriz Jordán, Eduardo Irujo, Juncal Pibernat (que me dijeron era pariente del Santo Job) y Silvia Broome. Juncal ha hecho un trabajo minucioso de revisión del texto y Silvia y Eduardo han escrito una marginalia generosa y acertada, desde la elección del epígrafe, un poema de Las palabras perdidas (1993) titulado «Acuérdate de estos años», que guarda una estrecha relación con esta novela; el poema que da título a ese libro también tiene que ver con el motivo por el que la escribí, ahora que gracias a ellos lo releo me fijo. Hoy, con que  mi novela encuentre un (buen) puñado de lectores, en este tiempo de pocas lecturas reales, me conformo.

Casi todo lo que tenía que decir sobre el libro ya lo he dicho en el prólogo que he escrito para esta reedición y en un texto que publiqué aquí mismo semanas atrás.  Con todo, diré que nadie vea la vida del prójimo por el ojo de esta cerradura de papel, porque probablemente será la suya, la que preferiría no ver, y sobre todo diré que Las pirañas es una novela, esto es una «historia fingida y texida de los casos que comunmente suceden, ó son verosímiles», como decía el Diccionario de la Lengua Castellana, en su edición de 1786.

Para mí Las pirañas es sobre todo  el retrato de una época, los felices ochenta, pero  fue tomada por otra cosa. Eso no dependió de mí, tampoco ahora. Solo sé que me quedé corto  y que en estos últimos veinticinco años he tenido ocasiones sobradas de escribir novelas como esta porque motivos no faltan, sobran. Ahora lo que me faltan son ganas y me temo que  fuerzas, pero sobre todo ganas… ¿Para qué? Cuando te haces esa pregunta es porque no sabes responderla. Ahora todo se resuelve en equívocos, malentendidos, reclamos… Corregir esta novela ha sido una tarea ingrata, por asomarme a una época que recuerdo con disgusto, y para mí un recordatorio no ya de una serie de incidentes miserables y desagradables, sino de errores personales que estimo  graves, como el no haberme ido para siempre del lugar donde nací, entre otros relacionados con el por qué de mi libro,  y eso me temo que ya no tiene remedio. El exorcismo se quedó a medias,  solo fue de papel y tinta, y eso poco vale en realidad, para completarlo debería haberme despedido de mí mismo, y no fue así o no del todo. La escritura que vino luego, sí, fue diferente, pero no del todo, se bifurcó, me bifurcaba, intentaba caminos distintos, hasta esa final Perorata del insensato (2015), que es como si no la hubiese escrito, pero siempre quedó algo pendiente. Siento que me eché un cepo al cuello con una alegría impropia de la ceremonia de exorcismo de la que se trataba. El cepo, buen título para novela… La picota tampoco está mal, porque a ella me subí creyendo que era un tablado de barraca de feria que hoy está aquí y mañana, allí. Bien, esto es todo amigos, que sus lectores de hoy sean bienvenidos…

La flecha del miedo

1.- El sueño del caballero, Pereda: siempre vuela, rapidamente hiere y mata… La flecha del miedo, cuyo vuelo olvidas (A cierta edad)

2.- «Miedo de esa ginebra que se te abre en la mente cmo una flor loca de palabras, como un daño indecible y amargo», Francsico Umbral en Un ser de lejanías
–Eso mismo le iba a decir yo… pero no encontraba las palabras.

3.- Tiempo. Siempre falta, por muy organizado que lo tengas, con los años cuesta acomodarse a la disciplina de un horario estricto, los desfallecimientos te aguardan a la vuelta de cualquier esquina, las horas del día como esquinas.

4.- La renuncia virtuosa, pero por necesidad, porque no queda más remedio… en ese monólogo mejor que no tengas público, porque de lo contrario el pateo lo tienes asegurado.

5.- No hay que fiarse de quienes se venden barato… tragos, platazos, obsequios, billetitos… (reflexión inútil de burlado).

6.- Cuestión de ventriloquía: el periodista que con tal de dar el pelotazo, revienta trabajos ajenos, muy noble el empeño, mucho.

7.- A cierta edad el periodista que se te acerca  más que para interesarse por tu obra es para perdonarte la vida, y ojo con no agradecérselo… Oú va la nuit

8.- La queja sorda de los que más cerca tienes, su doble cara y al final el doble juego: no eres como debías ser. No les gustas. Esa falta de elemental franqueza que toman por cultura.

9.- Ver en ruinas, desde lejos, estaciones de tren por las que siempre pasaste de largo… ni las vías, albergues de humos.

 *** La flecha del miedo (2000), otra novela perdida en el limbo de la inexistencia. Javier Reverte, que estaba en el jurado del premio nacional, sabe lo que pasó allí.

Benevolencia Real

captura-de-pantalla-2017-02-18-a-las-7-20-17Pienso en el escritor del futuro, y en que tal vez, alguno de ellos, escriba una novela o lo que sea, con toda esta trapisonda de empaque que ha llevado a un miembro de la Casa Real a las puertas de una prisión y a otro a pagar una multa multimillonaria por poder sostener ante la justicia que no sabía nada del monumental negocio montado alrededor de la cosa pública, un nuevo Ruedo Ibérico, con su  Viva mi Dueño y su siempre renovada La corte de los milagros; pero el escritor del futuro no será, sin duda, como el del presente, así que me quedo con un palmo de narices y no sé qué culebrón, novela histórica o qué pompa de jabón echarán al aire.

Me parece del todo inútil detenerme en algo como el futuro de la infanta y su vida de lujo. No soy ese que sabe de familias reales y de esas sabidurías ha hecho fortuna. El que tenga interés que agarre el Hola, donde sin duda vendrá casi todo, o se amorre a los programas de tertulianos y golfos de la comunicación. No sé lo que va a hacer la hermana del rey, tampoco de dónde sacará dinero para pagar la multa que le ha caído ni quién la va a pagar en realidad –excluida que está una ley, como es la del origen de las fortunas, imprescindible en todo proceso de cambio, que aquí ni se da ni se va a dar– , no sé cuánto tiempo puede estar en prisión Urdangarín o si va a entrar o no, no sé nada, es quinielismo puro… A estas alturas ya no sé si la condena es mucha o poca, si fuera hay muchos de los que tendrían que estar dentro y sobre todo no sé nada de las verdaderas entrañas de aquel montaje y de todas sus implicaciones, porque la sentencia echa encima de este pozo negro de corrupción de altos vuelos una pesada y sólida tapa de registro que no la levanta ni chatarrero de polígono. La absolución de la infanta suena a lo que suena, a música celestial. Dudo muchísimo que sea la tonta de la película y no solo por sus piruetas sociales y laborales, las que le llenan la bolsa de manera imparable, sino por haber declarado hace unos meses: «Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país». Eso denota lucidez e inteligencia a raudales, al menos para mí, y me suscita una envidia sin futuro. Afortunada ella que incluso una vez pagada la multa millonaria que le ha caído puede pensar en irse a otro país y no volver a pisar este. Es curioso, eso mismo es lo que hacen muchos, más por verdadera necesidad que por gusto de correr mundo y acumular experiencias, que es lo que me parece piensa el hermano de la infanta.

Una lucidez y una clarividencia que se contradicen con las defensas letrada y fiscal con las que ha contado la infanta, que la han hecho aparecer como una persona de una ignorancia excesiva e hilarante a ratos, que nos invita a callar porque si decimos lo que de verdad creemos que ha pasado, pasa y va a pasar, igual nos multan con el diccionario de la Real Academia en la mano, que es la ultima moda jurídica, nada de Código Penal, el Diccionario de la RAE, que se ha revelado un impecable instrumento para impedir decir lo que se piensa, lo que se ve que sucede delante de nuestras narices, de manera clara, llana y por todos entendible, y dado que hacerlo es correr albures y loterías verbales, callar antes de hablar.

Ojo pues con gritar «¡Al ladrón!» porque este puede darse media vuelta y arremeter contra ti por difamación. Ojo con llamar al difamador por su nombre porque hará lo mismo y como la justicia es ciega y caprichosa y el juez puede tener, como tu mismo, almorranas, te puede salir cara la defensa de tus derechos o la denuncia de los abusos públicos. Entre canallas anda el juego.

Elucubrar es fácil, iluminar las trastiendas de esta enorme trapisonda es más difícil, mucho, y lo va a ser más en el futuro. ¿Quién estuvo detrás de esa empresa, Noos, cuya pronunciación evoca de manera involuntaria y fonética a la Cosa Noostra? ¿Quiénes nutrieron de manera imparable sus fondos desde el sector privado, quién o quiénes sabían y callaron…? Eso para la novela o el culebrón del futuro.

Y si me parece del todo inútil elucubrar con ecos de sociedad palaciega, más inútil me parece comparar la sentencia de ex duque con las que les caen desde tiempos inmemoriales a los chorizos de a pie, porque son agravios comparativos tan escandalosos como inexplicables, por no hablar de las penas que amenazan a los acusados ya de manera positivamente injusta. Ay, las fiscalías, pero no del Estado, sino del Gobierno, ay, la justicia politizada, pero no por los que a ella acuden desde abajo, de manera abusiva, sino por los que la manejan desde arriba.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 19.2.2017