Migraciones y estampidas

mm8390_140919_11747_1800x1200Imagino que cuando Ambrose Bierce escribió su entrada del Diccionario del diablo acerca de los inmigrantes y los calificó de «Persona desinformada que cree que un país es mejor que otro», no se refería a las estampidas migratorias que la hambruna o la muerte cierta empuja, sino que se trataba de una humorada vitriólica referida a las muy duras condiciones de vida que se encontraban los que dejaban atrás sus países y llegaban a la tierra prometida: nada o muy poco era como les habían asegurado. Un aviso de caminantes destinado más a disuadir a los buscadores de Jauja que a burlarse de ellos, por tanto.

Algo parecido escribió Robert Louis Stevenson en un memorable texto referido a la conquista del Oeste y la fiebre del oro, en el que habla de dos trenes que se cruzan en la pradera, el de los que van hacia el Oeste y el de los que de allí regresan. Los primeros van tan alegres, entusiasmados y festivos que no advierten que los segundos, los que vuelven al Este, baldados y con las manos vacías, les gritan y hacen señas de «¡Regresad, regresad!». Solo que enseguida las posibilidades del regreso comenzaron a hacerse imposibles, y ahora más que nunca. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 1.2.2017 aquí enlazado)

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Un pensamiento en “Migraciones y estampidas

  1. Hola Miguel. Me parece que Kafka hizo un libro en el que presenta las peripecias de un personaje perdido en el laberíntico NY, Su sueño era llegar a trabajar en un circo en Oklahoma. Creo que se trata de un relato largo y algo atípico en Kafka y se llama Oklahoma. Ahora no hay circos, no hay sueños, la gente tirada que se lo monte, que no se equivoquen, que no se escapen…Vergüenza de Europa y de este país cuyo nombre cada vez se me hace más impronunciable, qué decir…odiosa marca

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