El museo de la inocencia

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Masumiyet Müzesi’nin Çekirdeğine Seyahat

La primera vez que oí hablar de este museo fue en Cochabamba, a Manuel Vargas, poeta y crítico, que había pasado por allí, por Estambul, y había visitado ese museo que sale, en parte, de la novela El Museo de la Inocencia, de Pamuk, y en parte de su propia y genuina imaginería y relación con los objetos menudos de nuestra vida cotidiana, los recuerdos, los fetiches, las cositas que a poco que las miremos anuncian la caducidad y el olvido, como apunta Carlos Castilla del Pino en el libro de Onofre… Vargas murió unos meses más tarde. El libro de Orhan Pamuk lo tengo sobre la mesa pendiente de releer. No me enteré del museo, cuando merodee hace un par de años por esas callejuelas de Beyoglu. Ahora es tarde, no creo que regrese a Estambul.

El museo de la cacharrería del alma es una vieja idea que viene de mi infancia, podría hacerlo virtual, a base imágenes, pero no es lo mismo. El objeto es insustituible, las cosas tiene volumen y olor, solo que en una vitrina no tienen tacto,  y apenas lo digo pienso en las cosas perdidas de las que queda memoria y la incógnita de dónde y cómo desaparecieron, algo que no tiene remedio, salvo que las recuperes en algún lugar tan imaginario como real: las páginas de una novela: Biargieta, tiempo al tiempo.

 

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