Ecos de mentidero

Vargas Llosa compara a Podemos con ETA, haciéndose eco de un acoso mediático gubernamental basado en falsedades, muy honrado por su parte, mucho; y el socialista Madina tiene que afearle la conducta, no del todo senil, aconsejándole que guarde para mejor ocasión sus comparaciones y sobre todo lo haga de manera más digna. Junto al marqués, y en el mismo plano de las trapisondas de la gente guapa, el pequeño Nicolás salta y brinca por los juzgados con su séquito de abogados, policías, agentes secretos, jueces, fiscales, en un sainete que, nos aseguran, atañe a la seguridad nacional, algo que de ser cierto retrata con eficacia a esta corte de los milagros; por su parte González, el chuleta dongomina, cada día se parece más a personajes de serie americana de familia de esas cuando les toca ir a los juzgados a despiporrarse de los jueces, cosa que los demás no podemos hacer porque nos multarían y encerrarían, seguro; a Inda le piden un millón de euros de fianza por no sé qué bellaquería de las suyas, pero es tal la trama de acusaciones, querellas y reclamaciones que pesan sobre él que no aciertas a tirar del hilo ni a explicarte qué hace en libertad, algo que  apenas llama la atención y no tiene efecto alguno; y, por fin,  a los recortadores, en todos los sentidos, de la libertad de expresión y de todas las libertades, se les llena la boca con la defensa de esta mientras han dejado a su espalda un rastro de empujones, multas y abusos a quienes creen en una información libre y no en una rosario de consignas.

Este panorama no necesita analistas ni editorialistas, con Sálvame, el De Luxe y la Milá vamos que chutamos… ¡Jorge Javier a la Moncloa!… o por lo menos al Consejo de Estado. El Tribunal Constitucional sobra, para eso tenemos Gran Hermano.

Me empieza a resultar difícil no repetirme cuando los acontecimientos que dan en noticias bomba o titulares incendiarios se repiten a diario y la primera página de hoy parece ya la de mañana, porque es la de ayer, y la de hace ya mucho; que nos hayamos acostumbrado a esta siniestra rutina es otra cosa.

El mentidero de las redes sociales será ruido y humo a partes iguales, pero es la única alternativa que existe ahora mismo frente la avalancha doctrinaria de los grandes medios de comunicación que ya no monopolizan la información, porque esta fluye todavía sin su permiso; y la única defensa ante operaciones políticas de acoso y derribo que tienen a los medios de comunicación como arietes. Las denuncias de abusos y corruptelas es más fácil encontrarlas en medios de comunicación independientes y digitales de alcance limitado, o en las redes sociales que en donde son tamizadas a gusto del amo, y donde hoy se silencia y mañana se habla de lo que convenga a golpe de intereses gubernamentales y paragubernamentales, sin importar la difamación o la calumnia, no ya como herramientas políticas, sino como legítima «libertad de expresión». Que quienes manejan desde puestos de gobierno este estado de cosas, hablen ahora, tras la ley Mordaza, la persecución de redes sociales o de cómicos, y el cierre de medios de comunicación, hablen digo, de defensa de la libertad de expresión y se rasguen con ella las vestiduras no es más que otro despropósito, algo que no queda más remedio que tomarse en serio porque es una burla mayúscula y solo por eso.

 

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