Sous les ponts de Paris…

_DSC0030.JPGParís es caro, mucho, salvo para los pesebristas del Gobierno y adheridos y beneficiarios de momios y canonjías diversos que viajan y viven gratis… hoteles, alojamientos, comida… asomarse a una agencia inmobiliaria da vahidos, auténticas zahúrdas a doblón.  Para vivir en París hace falta tener unos ingresos altos, fortuna personal o medios de vida suficientes  como para poder llevar una existencia que no sea azacaneada, una pura cuesta arriba y un vivir con el agua al cuello por el gusto de sentarse en un velador de un café  a hacer contorsionismo recreativo, o de espectador de la vida de lujo ajena y poco más, y un pardon, pardon, pardon, como mantra de lelo, al margen de tener aguante y estómago para resistir al syndic (siempre ladrón) y al portero que todo lo ve, al matón de guardia, la funcionario que se crece en el ejercicio del petit pouvoir … todo lo demás son fantasía, literatura y por lo general mala o bobalicona, y una industria que vive de encantamiento pasajero del turista o del peregrino literario, que también lo es, gaste la vitola que gaste, qué horrorosa  expresión, qué rancia, qué frailuna… De joven me metí en lugares –Hôtel del Fetiche, H. Chaplain, cuando era un hotel de passe de señoras mayores maternales y simpáticas, había una que para ejercer se disfrazaba de hada, H. d’ Alsace, H. des Aviateurs, d’Afrique… hoteles de cuatro perras– en los que ahora no duraría un minuto… lo cierto es que he durado yo más que ellos. Tal vez todo se reduzca a eso.

*** La fotografía no está tomada en la pleine St-Denis o en otro barrio sensible, sino en la rue Lauriston, en el XVI. Me gusta el cartelito que han añadido para aviso de noctámbulos y que en mayo del año pasado no estaba.

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