Ion Arretxe

1490025016_546380_1490025241_noticia_normal_recorte1Fallece Ion Arretxe, escritor y dibujante, y más cosas. Como dice Ignazio Aiestaran, gracias a él sabemos que la GC torturaba y cómo, cuando fue detenido junto a Mikel Zabalza, que «murió ahogado»… en Intxaurrondo, en un episodio siniestro nunca investigado a fondo de manera judicial. No le conocía de nada, leí  su libro,  Intxaurrondo. La sombra del nogal, cuando salió y  me pareció un testimonio turbador, pero cuando hace unas semanas se publicó en las redes que había salido Las pirañas, saludó con generosidad, simpatía y entusiasmo su salida. No tenía por qué haberlo hecho. Hay gente generosa.

De nada le sirvió  insistir en que no era de ETA, eso para quien relaciona torturas, siempre falsas, con ETA resulta indiferente. Cuando se trata de sentimientos y resentimientos no se admiten pruebas en contrario. La carga de la prueba no es que esté invertida, que lo está, sino que sobra. Es una cuestión de conciencia en la que por princpio se excluyen los testimonios de la víctima, prevaleciendo el honor del verdugo, que a mi modo de ver constituye una perversión jurídica de difícil erradicación. Se cree en lo que se quiere creer, sin fisuras, se cree en aquello que viene marcado por la ideología. El relato de los crímenes de ETA no lo justifica  todo. En un librero de viejo de Bayona, que tenía mucha documentación de ETA de los años setenta, tuve la oportunidad de leer el manual famoso para detenidos y no pone eso. Ni siquiera estaba publicado por ETA. Quien lo afirma debería publicar cuando menos la página entera, claro que pedir que no sea manipulada es pedir gollerías.

Ion Arretxe fue valiente al publicar el relato de lo vivido, sabiendo el poco o el negativo eco que iba a tener su testimonio.  Al revés, esos testimonios concita de inmediato  rechazo y  hostilidad por parte de aquellos para los que solo hay un relato de lo ocurrido.  Por eso es necesario publicar la mayor cantidad posible de testimonios de gente que ha padecido torturas en los últimos cuarenta años, aunque no encuentren eco alguno entre ciudadanos de orden para los que negar las torturas es una seña de identidad patriótica que divide a los ciudadanos, como hizo ver en una ocasión memorable Juan María Bandrés en el Congreso de los Diputados.  Y más necesario todavía cuando salta a las noticias que un policía condenado en firme por torturas a un detenido, representa a España en un foro anti tortura y da conferencias virtuosas, lo que viene a demostrar la desvergüenza activa del Gobierno español elevada a ideología

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