En los cafés de la juventud perdida

_DSC0036.jpgEn uno había troskos o maoistas o algo, yo qué sé, si todos han dado en lo mismo o en muy parecido, la cucaña, la cucaña… y también camelletes que ejercían en el barullo de la acera y con los que no era difícil tener grescas; hoy debajo de las banquetas de hule rojo y del cartel de les Fréres Jacques corrían ratones, y en un rincón, un lector leía aplicadamente a Lèvi-Strauss…Lo encontré de escenario de una novela que he olvidado.

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En el otro, ruidoso, lleno de humo, había aprendices de artistas de la vecina École des Beaux-Arts, mucha zamarra de borrego, se bebía abundante vino baratejo y las copas quedaban vacías sobre la mesa, hasta cubrirla, y Ablitas peroraba acerca de Proust y de los Tayllerand-Perigord y de Toulouse-Lautrec con quien decía estar emparentado, Pepelu por su parte,  en la duda de si ir a cenar a casa de los Murat o seguir desbarrando sobre el Coloso de Maroussi, escogió para siempre lo primero,  mientras que  J., que hoy lleva las finanzas de una secta, alababa las virtudes del blanc-cassis, y K. soplaba a más y mejor, y no sabía que era un suicida, y el pintor Gallego hacía retratos al paso entre trago y trago, y loqueba poéticamente… Ah, sí, y un día entró Mike Jagger a mear y causó sensación. Hoy es un local de medio lujo, con estilo, con sabor eh, con clase y los camareros te miran de arriba abajo antes de franquearte el paso…

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