Antonio Pérez en la rue de Seine

_DSC0055Ese capricho de malpuestería en un muro de la rue de Seine me ha recordado a Juan Pedro Quiñonero por un lado, y por otro a  Antonio Pérez que vivió muchos años en París, trabajando en Ruedo Ibérico y luego en La Joie de lire, la librería de François Maspero, donde españoles y no españoles robaban a placer, antes de regresar a Cuenca, de la mano de Antonio Saura, y a sus colecciones, pinacoteca, biblioteca y museos.  Antonio era un rescatador de pobretorios, de piezas de arte povera y bravo, encontradas en el azar de los descampados, los derribos, las basuras –un hurgabasuras a la caza de lo singular– que sacada del lugar donde se encontraba equivalía a asombrosas piezas de arte contemporáneo a las que no les hacía flata firma alguna. A Antonio le he visto en Madrid metido dentro de un contenedor de derribos, a la caza de una de esas piezas únicas o insólitas para su museo inagotable de Cuenca. Hace muchos años que no sé nada de él, lástima, porque era un amigo generoso y afectuoso, e inolvidable por muy lejos que pueda estar.

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