Ni el día ni la hora

        Atentado en París, atentado en Londres… atentado futuro en quién sabe qué ciudad, qué lugar, ni cuándo, ni cómo, ni quién… No es derrotismo, pero me temo que Occidente/Europa tiene la guerra perdida contra el terrorismo islamista, porque de una guerra se trata, de mayor calado que los saltos inesperados de «unos locos suicidas, drogados y desesperados».

         Hasta ahora, solo en los atentados de Madrid/Atocha hubo un juicio en el que los autores o cómplices de aquel crimen pavoroso pudieron ser escuchados con arreglo a nuestros sistemas jurídicos vigentes en el que todos tienen derecho a ser oídos y defendidos en juicio, por muy monstruosos que sean los hechos de los que se les acuse.

Leo a menudo obras de maître Jacques Vèrges, el abogado del diablo, ya saben, el que defendió a Klaus Barbie y a Pol-Pot, y no estando de acuerdo con muchas de sus estrategias de defensa, cuando pasan por versiones veraces de los hechos, sí lo estoy en que prefiero en todos los casos un juicio justo a una ejecución sumaria que impide que el autor de un atentado explique sus motivos, lo que para nosotros son siempre sus sinrazones. Lo último que se sabe de ellos es su grito religioso por Alá. Se va imponiendo la ejecución sumaria para evitar juicios político-militares, convertidos en palestras de ideas que rechazamos de plano.

Además, al muerto se le pueden colgar toda clase de medallas: drogadicción, alcoholismo, demencia, marginalidad, fanatismo… y no solo eso, sino que en periodo electoral se puede utilizar al autor del atentado como munición de batalla para cargar contra el candidato oficial si por casualidad el criminal estaba fichado y no suficientemente controlado, demostrando con eso la laxitud o la inoperancia oficial, o si no estaba fichado, lo que viene a demostrar la ineficacia de los servicios de información. Todo muy digno. Los profesionales de la política y a ella adheridos están dando lecciones continuas de indecencia creadora de opinión.

Con batallas electorales de por medio o no, llama la atención la desproporción entre los sistemas de defensa europeos y norteamericanos, y los medios con los que cuentan los islamistas que siembran el terror de manera inopinada, hoy aquí, mañana allí. Las respuestas tampoco van muy lejos: los bombardeos indiscriminados en zonas sustraídas a una información independiente no parecen disuadir ni de lejos a quien está dispuesto a morir por Alá poseído de un bagaje de creencias religiosas extremas y de resentimientos sociales y políticos muy enraizados, algo que dudo mucho estemos en condiciones de entender. Me gustaría saber cuántos de los lectores de esta página han siquiera ojeado un Corán o leído los suras dedicados a lo que se conoce como guerra santa.

 Dudo mucho que se les pueda vencer por la fuerza. Los estados de emergencia, como el decretado desde hace ya mucho en Francia, prorrogado una y otra vez, tampoco van muy lejos, como no sea para ampliar empresas de seguridad privadas y para vigilancia callejera de uniformados, fuertemente armados y pertrechados, y controles callejeros por el color de la piel, que se ve enojan y ofenden a los controlados, de manera brusca digamos: en París son un numerito callejero habitual. El agravio que no cesa y la fractura social cada vez más profunda y más enmascarada. Aquí no pasa nada, y pasa, claro que pasa. Atentados frustrados, dicen, pero la información es parca y muchas veces dudosa, con tufo a manipulación. En España, la detención de yihadistas es una constante, aunque luego no sepamos muy bien qué pasa con los detenidos. Es probable que noticias como esta nos den algo de seguridad que se ve frustrada a fecha fija.

Quienes se han ocupado de analizar estos hechos hablan de «guerra pequeña», frente a la que los grandes sistemas defensivos tienen poco que hacer, porque sus operaciones brutales no resultan disuasorias para enemigos como el Isis/Daesh. El enemigo es muy numeroso y más invisible de lo que puedan alcanzar los servicios de información, está ampliamente extendido y golpea con una regularidad alarmante. Hablar de erradicación es una falacia tan grande como hacerlo de aniquilación, y quiénes hablan de conversaciones de paz no dicen ni con quién ni sobre qué bases… y entre tanto, ni el día ni la hora, pero a fecha fija.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 26.3.17

*** La imagen, publicidad callejera de Charlie Hebdo, sin duda resultará inapropiada para la mayoría de los que se abanderaron detrás de «Je suis Charlie» hace dos años sin haber tenido, en muchísimos casos, un solo ejemplar de la revista en sus manos.

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Un pensamiento en “Ni el día ni la hora

  1. Hola Miguel. El hermano Melanio, hermano Marista que además de hostias y cachetes nos daba clases de historia; nos dictó un texto de Juvenal para que lo pegáramos en el libro: Decía Juvenal: los pueblos vencidos se vengan de nosotros contagiándolos sus vicios. La notita de marras se pegaba en la hoja donde comenzaba el capítulo sobre las invasiones bárbaras. Hoy no quieren contagiarnos sus vicios sino su virtud. Qué virtud?. Que peligro los virtuosos¡. Y los ismos¡.
    Qué mundo vigilado, scaneado, teledirigido y cada vez más confuso.
    Europa expolió las riquezas de países enteros, sometió a millones de nativos a la explotación y el esclavismo. Ha dejado países enteros arrasados por el monocultivo y los modos del capital mas bestia.Han cambiado los modos de explotación y esclavitud vigentes y los beneficios siguen siendo para unos pocos, pero, ya no sólo para el hombre blanco.
    He visto últimamente las dos versiones de Diario de una Camarera. En la película de Buñuel los ultraderechistas del frente nacional utilizan el término meteco, lo acompañan con el juif que parece un lapo y se manifiestan pour la France como ahora pero mas barbosos.
    Me parece que hace falta un esfuerzo masivo para encontrar una concordia y una amistad que ningún gobierno no va a dar.

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