Cerrar la puerta

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*** Las herramientas infomáticas permiten cerrar la puerta a los mensajes indeseados. Así el correo electrónico permite bloquear direcciones de correo no deseadas que hacen el trabajo del pelma inútil en la medida en que no lees lo que escribe porque no lo recibes; en las redes sociales hay algo parecido, pero más radical, porque el excluido se entera de que lo ha sido. ¿Por qué aguantar a un pelma o a un chuleta hiriente y  ofensivo? No hay motivo.

*** Cuídate del patriota vinoso, de sus arrebatos, fervores y devociones, tiene alma de montero y tú puedes ser la pieza a cobrar.

*** Lo de sentarse a la puerta de tu casa para ver pasar el cadáver de tu enemigo no sirve para nada y es una grosería propia de patanes y almanegras.

*** No celebrar la muerte de nadie, pero no lamentarla ni en privado ni sobre todo en público con objeto de recibir a cambio la palmada en el lomo del cotarro o de la koadrilla.

*** De las amistades vinosas no quedan más que chascarrillos despectivos y escachafamas, que eso sí, dan mucha cohesión al cotarrete y son un  pretexto para pedir otra ronda… y sobre todo, malos recuerdos.

*** La memoria del agraviado difiere, en mucho, de la del autor del los agravios: Laurence Sterne fue muy claro a este respecto cuando comparaba las memorias del bufón y del objeto de las bufonadas a las del tamaño de las bolsas del deudor y del acreedor.

*** La difamación, la calumnia, el desprecio clasista son señas de identidad de una clase social dominante o que lo fue hasta hace nada, lo mismo que disfrazar la golfería con trajes de nazareno.

*** Que fallezcan los personajes de tus invenciones novelescas en cuanto tales no es más que el preludio de tu propia muerte… A O’Brien se le escapaban de noche, a tragos, era más entretenido, aunque regresaran por la mañana hechos una pena. Moriremos nosotros también, pues, pero antes es preciso cerrar la puerta, e intentar cuando menos que el exorcismo emprendido con Las pirañas quede por fin cerrado.

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