Mucho ruido y pocas luces

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** Manipulación emocional de origen mediático: colaboras con ella ya casi por costumbre, por dejarte llevar, por no poner en duda nada del noticiero al que te asomas o que te llega sin siquiera aosamrte y crees que atañe de manera directa a lo que te constituye y confirma en tus ideas o creencias. Un sano escepticismo no es tarea fácil. El bote pronto resulta más agradecido, más satisfactorio quiero decir. ¿Pensar o desahogarse?  Casi mejor lo segundo, lo primero puede ponerte en un enojoso aprieto.

** A la postre, las informaciones en aluvión resultan poco veraces a fuerza de estar alentadas  por una más que evidente toma de partido, de modo que los titulares valen por editoriales… certezas de un día… de unas horas mejor… volátiles más que efímeras.

** Cuando las reflexiones «de fondo» resultan propaganda sin recato… y su lectura, rutina de devocionario.

** El escenario está abarrotado, esta ópera de cuatro perras tiene exceso de figurantes y el patio de butacas es también escenario:  predicadores, espadachines, cátedros, doctos, guapetones, delatores, camorristas, duendes, listos, mordaces de profesión u oficio, inquisidores… Demasiada verdad en danza. ¿A quién creer?
—Y a propósito… ¿Y tú qué haces ahí? (te pregunta tu sombra y tú, para variar, callas)

** Ayuntarse a bando de manera bulliciosa evita hacerse preguntas que enseguida resultan demasiadas, incómodas y de difícil respuesta.

** Crees que has tomado partido y que estás rompiendo lanzas con coraje en favor de ideas honorables, y solo estás armando bulla.

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