Nostalgias franquistas

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Que el sistema político español protege al franquismo, como régimen dictatorial, con apoyos policiales y judiciales, queda ahora mismo fuera de toda duda. Son los hechos, del dominio público, los que hablan como pruebas eficaces, y a diario, por mucho que los medios de comunicación afines al Gobierno los quieran silenciar, los tergiversen o los apoyen de manera expresa. No sé qué puede resultar más escandaloso (si todavía hay algo que consiga serlo), que el Gobierno declare que la exaltación o enaltecimiento del franquismo no es delito, que consienta que la Fundación Francisco Franco conserve documentos considerados como secretos de Estado o que un juez de clara inclinación política, exsenador del PP, admita a trámite una querella contra Wyoming y Dani Mateo por una burla sobre el monumento de Cuelgamuros, que no hace sino expresar lo que una parte significativa de la sociedad española opina de esa construcción y de su significado. Dicho sea de paso, querer convertirlo en un monumento «a la concordia» por decreto es un abuso y un agravio… y una sandez. El Valle de los Caídos es lo que es y fue construido como fue construido, por mucho que historiadores afines al régimen franquista sostengan en su apoyo que quienes allí trabajaron lo hicieron poco menos que por gusto. Sus muros fueron rellenados, sin contar con las familias en muchas ocasiones, además de con los restos de los «héroes», con los de personas «sacrificadas» –pues esa es la expresión que figura en documentos oficiales de la Guardia Civil encargada de esas exhumaciones– y enterradas en campo abierto de las que ni siquiera se pudo establecer identificación alguna.

La represión gubernamental que ha caído sobre humoristas y no humoristas ha tenido el efecto de radicalizar el discurso de la disidencia, de modo que los «chistes» sobre Carrero Blanco o el Valle de los Caídos se han convertido en un aluvión, en claro desafío y respuesta a la demencial sentencia caída sobre la tuitera Cassandra. Burlas y feroces veras. A propósito, ¿esos chistes son sobre o son contra? Yo creo que son contra, pero no contra alguien en concreto, ni mucho menos contra las víctimas del terrorismo, sino contra la ideología que inspira el actual Gobierno español: policiaca y autoritaria. Esos chistes valen por columnas de opinión o editoriales, por tomas de posición y por gestos de rebeldía. (Artículo publicado en Cuarto Poder, 12.4.17, aquí enlazado)

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