Las pirañas (vuelta)

Ayer me dijeron que Las pirañas era «un libro de referencia». No me dijeron para quién ni de qué. Ahora mismo sigo viviendo la resaca de su relectura y corrección después de más de veinte años de no haberlo abierto. ¿Por qué? Pues tal vez por miedo a lo que iba a encontrarme en su interior, que para mí no tiene gracia alguna, a rememorar episodios desdichados en lo privados sobre todo y a no querer enfrentar el mayor error de mi vida: no haberme ido para siempre del lugar en el que vivía y donde di por concluida la novela: los extramuros de la ciudad en la que nací, escenario a su vez de la novela Un infierno con jardín.  Tal vez eso haya sido el mayor motivo de desasosiego de esta reedición: lo irremediable y el dolor que le acompaña. Ni siquiera lo abrí cuando tradujeron algunas páginas al polaco, ahora que me acuerdo; y sé  que  está en esa lengua porque la traductora me lo dijo.
No sé quiénes pueden ser sus lectores hoy, cuando el tiempo es otro y los lectores, cuando los hay, también. Los pozos negros son igual de malolientes que entonces, pero me temo que más profundos. ¿Aquel desbarre es la madre de este? No lo sé.  Lo que sí sé es que los cambios sociales también alcanzan a la literatura y la golpean de lleno, y aquello que fue celebrado y aplaudido cuando apareció por primera vez es desdeñado por ilegible casi, unos años después, además de haber caído en el olvido: títulos, autores… «dolor de papeles que  ha de llevar el viento». Me pregunto cómo podrá leer esas páginas un lector, una lectora que esté en la veintena, en la treintena, en… y que era un niño cuando aquella novela hizo  ruido, al menos durante un tiempo. ¿Qué reconocerá, qué le resultará familiar o extraño, qué repulsivo, qué ridículo…? No voy a decir que no me importe la opinión o la lectura de gente de mi generación, pero sí que es la de gente más joven la que hoy me interesa.

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2 pensamientos en “Las pirañas (vuelta)

  1. Hola Miguel.

    Hace poco he logrado terminar la lectura de su obra “Un infierno en el jardín”, y considero que se trata de un buen documento histórico, sí, un documento que ayudará a las y los historiadores del futuro a conocer mejor la sociedad española de finales del siglo XX. La idea principal que me surge tras dicha lectura es que este país no ha cmabiado nada desde finales de esa década de los años 90 y la actualidad, ya en otro siglo. A pesar de que no soy tan joven ni tan viejo, pues camino en la década de los cuarenta, “Un infierno en el jardín” invita a una buena reflexión sobre qué comportamientos, qué moral, qué ética, es por la que se ha caracterizado y continua caracterizándose la sociedad española. Martín Eguren, Marta y Julián son un residuo de la dignidad, de la bondad, de lo humanístico en una sociedad totalmente corrompida, un residuo en la tribu, un resto en un molino de Salinas de Iturrieta rodeado por la escoria, por los “sociatas”, (que me pregunto, cómo se llaman hoy, ¿peperianistas, peperianos?), por los comisionistas, por los chupacoños, chupapollas y chupaculos, por los clientes, por el clientelismo puro, por el conformismo, por la sumisión, por la aceptación de la jerarquía…; algo que a día de hoy no veo que haya cambiado de raíz sino que ha empeorado.

    Ya tengo su último libro, “Las pirañas”, que aún no he podido tener el placer de caminar por su lectura, pero que lo haré, porque escritores como usted, Miguel, sois necesarios, y considero que sois parte de la Historia, de la Historia de este país.

    Un a brazo, Miguel, desde el sur, y a seguir adelante

  2. Faltaban unos días para cumplir los 22 cuando Las Pirañas llegaron a mis manos. En esa época mi vida transcurría muy lejos de la realidad. Estaba a otras: la cuadrilla y las drogas. Entonces aparece Perico de Alejandría y me cuenta la historia de Nuestro Hombre. Y a pesar de que éste anda en la cuarentena,encuentro desde las primeras páginas que su rutina de vida se parece mucho a la mía en ese momento: Andadas salvajes con siniestros compañeros de farra en el espacio de un kilómetro cuadrado.
    Con 22 no tenía ni idea de que existiera una cultura del pelotazo en los eitis,pero sí que entendía a la perfección eso del saber o no saber estar entre iguales. El lenguaje de la novela hizo el resto. Ya no pude soltar el libro hasta conocer cómo terminaba la aventura de este hombrico.
    Con Las Pirañas me puse en contacto conmigo mismo. En 25 años me he asomado a sus páginas muchas veces, y tengo que admitir que siempre me doy de bruces con alguna frase o palabra que me afecta directamente,da igual la edad que tenga en ese preciso instante. Es un libro existencial.
    Como dicen los jóvenes de hoy en día, te sobraste, Miguel.

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