Diablada boliviana

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Empecé escribiendo una Diablada boliviana y veo que cada día es más una «diablada hispano-boliviana»… no es tan fácil «pasarse a Indias», como hizo Pablos, el buscón, y desprenderse de ese presente que te tiene agarrado por las solapas cuando la vida ya va de vencida. ¿A qué ir a buscar golfos y tramposos al Ande cuando los tienes en la puerta de tu casa? Es tontería. Con la ayahuasca, puerta de tu revelación interior, o de lo que gusten, pasa lo mismo. Hasta en Zaragoza te la ofrecen, con chamán incluido. Tendrá menos glamour, pero es más barato.  ¿Si pudieras tú también te irías? Lo dudo. Esa es una fantasía lírica sin mucho futuro. La memoria va por donde le da la gana, vericuetos de feria, compadres conocidos y desconocidos. Veo a Pessoa echando goloso, sediento, un buen trago de vino en una bodega de la Rua dos Fanqueiros. Que se vaya otro. De hecho, el que se va es otro, otro el que bebe, otro el portugués, tú no eres nadie, ya no eres tú.

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