Con Joseph Grimaldi y su carraca, a escena.

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Para festejar la muerte de tus enemigos hacen falta secuaces; en privado, a solas, es otra cosa… las campanas.

«Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.». John Donne

Ser virtuoso en escena no tiene más dificultad que encontrar el público adecuado, darle lo que pide, recoger el aplauso; entre bastidores es distinto, ahí hay sombras y luces, bajas, penumbras, callejones y el recuerdo una puerta que se puede cerrar a voluntad y dejar atrás, como exorcizaba Borges en «Alguien soñará»: Soñará que el olvido y la memoria pueden ser actos voluntarios, no agresiones o dádivas del azar.

Oh, el baile de las cuentas pendientes, condenadas a no ser saldadas jamás. Contabilidad nocturna que nunca cuadra, debe, debe, debe y nunca haber.

– Hay gente que vive vidas imaginarias.
– ¿Y tú cómo lo sabes?
– …
– Porque las frecuentas, ¿no?

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