Plazazelai, esta mañana

DSC_0057.jpegHacía tres semanas que no caminaba por Plazazelai, desde el portillo de Orabidea. Hoy lo he hecho muy a primera hora, cuando el fondo del valle estaba cubierto por una espesa capa de niebla. El camino estaba casi por completo en sombra, había mucha humedad, aromas diversos, muchas flores de hipérico, restos de dedaleras  y un intenso guirigay de pájaros. No me cansaré de decir que ese es un buen ejercicio para ir dejando por el camino todos los  murciélagos que puedas, que le aniden a otro, carajo. Cada día un poco más lejos. Mañana no ha llegado, pero hoy es hoy, lo diga Séneca o Marco Aurelio, autoridades. En unos días será el solsticio del verano, tal vez por eso me he acordado del poema «Solstici», de Miquel Martí i Pol, con el que cierro mi último dietario publicado, Rumbo a no sé dónde:

En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida, con la certidumbre
que ningún esfuerzo caerá en tierra estéril.

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