Los cuatro gatos

44fbf37aad492433b1f675785896f3e6La lección de las redes sociales: si hablas de lo que pasa y arma bulla, tienes no sé si lectores, pero sí seguidores, amigos, megustas y demás… a millares a veces. Es probable que no compren tus libros, pero el titular, la frase afortunda, rotunda, la opinión contundnete, esa sí, esa recibe el aplauso barato de la herramienta informática.   En cambio, si vas a tu aire, compartiendo lo que llamas tu mundo literario, hazte a la idea de que los lectores son los de siempre, esa parroquia de la taberna de los cuatro gatos que es tu mejor apoyo, tu referencia, para ellos escribes porque te leen. Puedes considerarte afortunado de tener esa taberna y esa parroquia. Ni se te ocurra cerrarla. Se lo debes en este tiempo confuso, de impresiones efímeras, volátiles…

El precio de tener lectores es saber olfatear para donde sopla el aire, lo que hoy arma ruido y mañana no es ni eco, ceniza como mucho, caña chamuscada de fiesta veraniega; y decir lo que el público quiere oír, no otra cosa. Es raro que crees tú la opinión, está en el aire, es como si se creara sola, como si solo fuera ruido y zarabanda, y tú su eco.

Hoy es para mí un buen día. Esta mañana le he enviado a mi editor un libro de poemas  escritos entre el año  2001 a meses pasados. Son 72 poemas. El título, Fingimientos y desarraigos porque de los dos hay.

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