Fingimientos y desarraigos (2000-2017)

Han pasado casi diecisiete años desde la última vez que publiqué poemas reunidos en un libro. En diecisiete años caben varias vidas. No es el mismo quien empezó a escribirlos en una casa del valle de Baztan, que al final no fue la de la vida, y quien los acaba de reunir, en el mismo valle, en otro pueblo, sabiendo que está de paso. En este tiempo ha  habido cambios de casa y viajes, y con ellos han cambiado los escenarios, los humores y las rutinas de vida; han fallecido ya muchos de los compañeros de ruta; los tiempos que parecían afables o aceptables en lo público y en lo privado se ensombrecieron de mala manera y eso creo que se nota mucho en lo que he escrito.

Nunca dejé del todo de escribir poemas.  Eso sí, hubo años en que no escribí gran cosa, versos sueltos, poemas truncados; los otros se fueron quedando a la espera de vete a saber qué. La desgana o la pereza, o las dos cosas.

Ajuste de cuentas hay, no voy ni a negarlo ni a esconderlo, pero sobre todo conmigo mismo, con empeños, afanes y grandilocuencias emocionales que han dado en poca cosa o en nada, y que en el momento de su escritura parecían poco menos que de vida o muerte. Pessoa está detrás de la primera parte del título, pero tampoco hace falta ser Pessoa para reparar en que no hay puesta en escena que no tenga algo o mucho de fingimiento, algo más que un lugar común. León Felipe por su parte, con  unos versos de su poema «Qué lástima»,  está detrás de los desarraigos.  Arraigo, desarraigo, puesta en escena, exabruptos, sí, conjuros, osadías, despropósitos, añoranzas, desahogos, burlas y exorcismos contra el desacuerdo con uno mismo que el paso del tiempo me hace ver que resultan a la postre ineficaces, por mucho poema que escribas.

*** El libro estará en las librerías cuando llegue septiembre…

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Un pensamiento en “Fingimientos y desarraigos (2000-2017)

  1. Es siempre un motivo de alegría el anuncio de la publicación de un libro tuyo,Miguel. Lo mismo da el género al que pertenezca. Yo sé muy bien lo que voy a encontrar en él: un mundo literario que es también el mío, porque en él me reconozco como lector. Es más, libros como Invención de la Ciudad o Carta de Vagamundos me sirven como estación de paso a otros,de mayor calado o envergadura. En este sentido La Marca del Cuadrante fue todo un regalo. Y es que después de tanto tiempo detrás de tus palabras, uno tiene sus rituales. Por ejemplo, antes de entrar en Las Cornejas tengo que pasar por Sin Tiempo que Perder…O bien antes de meterme en La Flecha del Miedo es de obligada lectura Liquidación por Derribo…Así con toda tu obra…Un libro me lleva a otro…Me llena de satisfacción pertenecer a la parroquia de los cuatro gatos (aunque por supuesto quisiera que fueran legión)..Un saludo cordial..

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