Toreos de salón (diario volátil)

535c0d5d8fff3c426da2ec6197d1679f--la-colle-la-renaissancePatético o descacharrante el escritor que oficia de maldito a su pesar y de ir a contrapelo,  que acepta invitaciones cortesanas, «salonardas», para hacer de comparsa de bulto, sin darse cuenta de que esas invitaciones le llegan porque quien las cursa ignora por completo quién es y cuál su arte.

Y casi más patético resulta el que, ya de manera muy tardía, piense que de ese modo «pueda sacar algo» o que cuando menos le pueden poner  durante un rato la mano en el lomo del alma.

No estás para reírle las gracias a nadie que, en la feria de las vanidades sociales, esté por encima de ti, ya sea por suerte o por dinero, y mucho menos para tocarle las narices y esperar que, encima, te paguen por ello.

Quien puede pagarse hombres de mano, puede también pagarse sus propios bufones, esos que le van a decir solo lo que quiere oír.

En las mojigangas oficiales se pierde con facilidad la independencia y es fácil pasar por quien no eres.

Estropear fiestas ajenas con regüeldos y sin otro motivo que marcar distancias, es una grosería.

El haber cometido tonterías no te obliga a seguir cometiéndolas de por vida. Nunca es tarde para cerrar la puerta a los reclamos donde puedes dejar el poco de dignidad que te quede, y si llaman, contestar que te has ido, que no hay nadie.

No dejes que te engañen diciendo que estáis en el mismo barco… a no ser que sea el de los locos.

Nada mejor que no salir de tu mundo… si es que lo tienes.

 

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