Una vuelta por los no lugares

Ayer a la tarde estaba haciendo tiempo en la puerta de embarque del vuelo de BOA a La Paz, en Barajas, y haciéndome la burla de los «no lugares», esos en los que ni estás ni no estás, una especie de limbo para poetas del espacio y el tiempo,  y otros asuntos de parecida categoría, que nunca me han interesado mucho, la verdad. El paisaje de la meseta, hacia el Guadarrama estaba imponente cuando bajó el sol. A la hora de embarcar se formaron las colas baldadas de rigor, pero, oh, sorpresa, al final no hubo embarque porque se canceló el vuelo. Como tomaron por sorpresa  las colas, no hubo líos. Los reclamos y las malas caras empezaron más tarde, cuando nos metieron como pudieron en unos autobuses camino de un hotel para pasar la noche. A mí me metieron en uno de niños y ancianos, bueno, adultos mayores, y acabamos en un hotel colosal y nada malo de la calle Lola Flores, unas 500 habitaciones con piscina y pista de padel y aviones que pasan por encima. Hubo cena de atracón para la ansiedad y esta mañana aquí andamos a grito pelado, entre voces airadas, haciendo colas para todo y para nada porque al avión «le falta una pieza» y no sabemos cuando vamos a salir porque en los emiratos árabes hay una fiesta (sic) y empiezan las vacaciones y todos los aviones están ocupados. Yo iba para Bolivia, pero no sé cuándo llegaré… Soy kencha, quedó dicho.

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