Javier García-Larrache, in memoriam

Esta noche pasada se fue un amigo muy querido y una persona para mí ejemplar por muchos motivos: Javier García-Larrache. A Javier lo conocí no hace mucho, cuando publicó su libro Garcia Larrache – Un Republicano Navarro Euskaldún (2007), dedicado a su padre, Rufino, político republicano navarro de prestigio, dentro y fuera de Navarra, amigo de los Baroja, exiliado, como el propio Javier en su infancia, y fallecido en Bayona en 1956. Hicimos buenas migas enseguida. Había oído hablar de su familia a los míos desde que era niño.  A fin de cuentas nos ha unido una ciudad y muchos de sus habitantes, de entonces y de ahora,  a los que evocábamos de manera irrefrenable para desesperación del resto de los comensales o contertulios: una ciudad que está desapareciendo a ojos vistas, un mundo, pequeño, cerrado, familiar. Con él se va también parte de la memoria de una  Navarra republicana y euskaltzale que parece haberse tragado el tiempo.
Javier tenía esa elegancia de quien da la impresión de que no ha cometido una inelegancia jamás. La sonrisa, la mano franca, las carcajadas, la delicadeza  sin remilgos en el trato…
Hace tres días, en su casa de Bayona, todavía me pedía que le contara todo lo que de positivo ha tenido mi último viaje a Bolivia, que ha sido mucho. Insistía en eso, en los aspectos más dichosos y positivos, y los celebraba conmigo: el libro, las charlas, la gente que he conocido y con la que he tratado… daba gusto contarle y verle reír.
«Estoy animado», decía y compartía con Francine, su esposa, la intención de ir pronto a Biarritz a ver la exposición de Ramiro Arrúe.
La gente que te dice cosas importantes para el vivir diario no es solemne, lo hace como quien no quiere la cosa, con las palabras justas y de Javier he ido recordando muchas estas últimas semanas.
A Javier lo voy a recordar en  su horror a la zafiedad, a la mala intención o a la intención torcida del gobernante y el poderoso de turno, en su expresión de la magnanimidad y la benevolencia, en su curiosidad hacia lo que de hermoso tienen las cosas de la vida;  corriendo por una calle de Bayona para que encontráramos el lugar donde habíamos quedado citados a almorzar; en el otoño de las orillas del Adour, hacia Urt; en su casa de otra época –esa a la que nos agarramos como podemos– del boulevard Thiers: bajo los árboles de Telletxea,  en Bera, en casa de los Larratxe; en su propia casa de Beheitikoborda, recitando algunos versos de Jorge Manrique y dejándome en el regazo uno de los mejores regalos que me han hecho en la vida, aparte de su amistad. Una persona categoría. Sé que le voy a echar mucho de menos, estoy seguro.

García-Larrache232

Javier con Fernando Mikelarena el día que presentó el ensayo biográfico-histórico dedicado a su padre y su mundo.

Anuncios

Un pensamiento en “Javier García-Larrache, in memoriam

  1. A Javier García Larrache le gustaba el juego mental. Y esa mezcla de ligereza y seriedad se vive muy bien en Francia. Por eso estaba tan a gusto en Bayona. Así la podía seguir regando y viendo crecer.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s