Jorge Manrique en Basusarri

Ayer tarde recordé estos versos de Jorge Manrique en la pequeña iglesia  del pueblo labortano de Basusarri, durante el funeral de Javier García-Larrache, más que nada porque le gustaban mucho y por gratitud también. La tarde –esa luz del suroeste de la que habló Roland Barthes y que presagia el inminente otoño– invitaba a todo menos al lamento del morir habemus.

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