Meridianos de tierra, de Hasier Larretxea.

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En la puerta de casa me esperaba Meridianos de tierra, lo último de Hasier Larretxea publicado en castellano. Reconforta poder leer algo así en estos momentos: la pesquisa de la memoria en el territorio que te es propio, el rescate de aquello que desapareció y cuyo recuerdo en parte de constituye: la fijación de lo que queda y permanece, después de la tormenta del tiempo, un hallazgo expresivo detrás de otro. Fuga necesaria y raíz. Paisaje familiar y distancia: «La distancia era la única ventana que les brindaría un nuevo despertar». Escribo esto desde el lugar al que Hasier Larretexea se refiere porque aquí nació y vivió su infancia y adolescencia, y cuando escribe prado veo prado y cuando topo, topera y riachuelo, zarza y alambrada, y raíces al aire, y cuando señala ventanas «como ataúdes de los sueños que quedaron por bautizar», puedo escoger entre varias una de ellas, la que al poema leído conviene, y la campana, toque a gloria, a rebato o a muerto es la misma. Reconforta, quedó dicho. Eficacia de la poesía.

 

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