Momentum Catastrophicum

 DKT3oIZXUAA4VHE.jpg_largeEn 1919, Pío Baroja publicó un libelo jocoserio con ese título. Un libelo agrio a ratos, vitriólico otros, divertido los más; pero sobre todo ferozmente antinacionalista, ya fuera contra los bizkaitarras o contra los catalanes, a quienes trata sin piedad y con desmesura.

         Señala Baroja algo que estamos viviendo estos días: una antipatía mutua –negada siempre por quien la ejerce de manera ruidosa–, entre catalanes en general y españoles antinacionalistas, algo que curiosamente otro escritor de su generación, Ciro Bayo y Segurola, utilizó en parecidas fechas para explicar el antagonismo boliviano entra cambas y collas, diciendo que se asemeja al que media entre Madrid y Cataluña, algo que como digo se reputa falso desde los púlpitos y las palestras, pero que se revela ofensiva verdad en las sentinas de las redes sociales y de los medios de comunicación en los que la mentira se ha hecho ya ingrediente de estilo.

         Es en ese libelo donde Baroja habló de la para él deseable República de los Chapelaundis del Bidasoa –gente de boina grande y de corazón también grande– que consistía nada menos que en conseguir «un pequeño país limpio, agradable, sin moscas, sin frailes y sin carabineros», algo que él mismo admitió ser «perfectamente utópico», lo mismo que el «Soportaos los unos a los otros» ya que, según él, la concordia en la paz «claramente se ve que no la sabemos conservar».

         Burlas, utopías y desmesuras de antaño al margen, el momento que estamos viviendo no puede ser más catastrophicum. Dudo que la pugna acerca del referéndum catalán y el derecho a decidir que le sostiene, afirmado por unos y negado por otros (y su legalidad o ilegalidad), vaya a ser la tumba del Régimen del 78 o una ocasión de ruptura constituyente y reforma constitucional pacífica. Pero lo que me temo es que lo que está sucediendo ya lo estamos pagando todos y que el paisaje para después de esta batalla va a ser más sombrío que sus vísperas. Esos barcos que han atracado en Barcelona cargados hasta arriba de antidisturbios no auguran nada bueno ni para el presente inmediato ni para el futuro. La convivencia pacífica no se construye a palos ni con amenazas disfrazadas de advertencias legaloides; el estado de sometimiento, sí. La legalidad basada en una violencia sostenida es una forma de opresión. Si no hay compromise, esto es, un convenio basado en mutuas concesiones, no se alimenta otra cosa que un rumor permanente de fronda. Mucho me puedo equivocar si el autoritarismo, que ya viene de años atrás, no se va a ver reforzado, al mismo tiempo que las medidas gubernamentales se han convertido en una máquina de producir independentistas y de fracturar no ya la sociedad catalana, sino la española entera arrojada de cabeza a la trinchera, con todo su espíritu kabileño ya excitado, alentado, aplaudido, algo que Baroja ya sospechaba hace casi cien años: «El insultarse no es necesario ni aun para la separación». Es decir, cualquier cosa menos un panorama de convivencia pacífica y cohesión social.

         Comparar la caída de Maura, tras la Semana Trágica catalana de 1909, con la deseable desaparición del panorama político de Mariano Rajoy, es una enormidad y una miseria. No hay Semana Trágica de por medio, sino un problema político de largo alcance, al menos de momento, que requiere soluciones políticas urgentes. Resulta repulsivo pensar que hay quien desea que esto acabe mal para sacar réditos del desastre y de una situación del todo irreversible. Aquí es ya muy difícil conjugar deseos fervientes de cambio y realidades políticas. Estés o dejes de estar a favor de la independencia, las urnas y el derecho a decidir, sin voluntad de un acuerdo político que no esté basado de entrada en la radical negativa a las pretensiones del oponente y en la acusación generalizada de sedición y terrorismo, vamos a seguir viendo porras y multas hasta que cante el gallo.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias 24-IX-2017

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Un pensamiento en “Momentum Catastrophicum

  1. cuando hablamos de estos asuntos, se me viene a la cabeza ese slogan de los “navarrísimos” detractores de lo vasco que lo sacaban a pasear recordándonos que los vascongados dicen de los navarros “ni de barro”, como si no hubiera vascongados no nacionalistas y unionistas empedernidos que también lo dicen. Así que ese dicho ni es independentistas ni nacionalista vasco como nos lo quieren hacer creer. Algo así ocurre con las antipatías de Baroja, vasco él también, que une lo retrogrado y odioso que toda sociedad tiene ya sea vasca, catalana, castellana, murciana o española, y lo inocula exclusivamente en quienes se decantan por tal o cual ideario, en este caso por el “nacionalismo vasco”, como si fuera de ese “nacionalismo vasco” no hubiera incluso peores y mayores cosas que criticar y denunciar. De hecho no hay España mas cerril que la unionistas y anti nacionalista vasca y catalana, por mucho que hoy se empeñase el mismísimo Baroja en omitir. Los antinacionalistas vascos y catalanes son obtusos nacional católicos: lo peor del nacionalismo y lo peor de la religión…. y no universales hombres de mundo como les gusta creerse

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