Cerrado por reformas

the-chinchillas-1799¿Reforma constitucional ahora? No seré yo quien la rechace, pero no sé si no llega un poco tarde. Viene de la mano de gente que ha demostrado largamente no ser en absoluto de fiar y hacer de su capa un sayo. Ese es el asunto: no son de fiar y el riesgo de quedarnos una vez más burlados es grande. Su palabra vale poco. No hacen política. Juegan a la baraja haciéndose trampas por todos consentidas y aplaudidas si el puntillazo es certero: «¡Copo!» A eso van, al copo y a dar la puntilla al enemigo arrinconado contra el muro de una legalidad brumosa. Dicen que quieren reformar la Constitución, pero no entre quienes, ni en qué términos en concreto. Las cosas han ido ya lo suficientemente lejos como para que esas cuestiones de detalle sean lo más importante ahora mismo, porque de lo contrario ¿De qué se trata? ¿De un lavado de cara del mismo régimen? Para eso no hace falta hacer como que das la campanada, que no parece tener otro objetivo que intentar calmar la borrasca y ganar tiempo para seguir afianzando el régimen del 78, la monarquía, la tenaza «constitucionalista» y en definitiva terminar de implantar por medio de las urnas una democracia autoritaria.

¿Desafección política?  No, hombre, además de que no es el mejor momento para desentenderse de lo público (y no por falta de ganas), eso es poca cosa ya. Lo que hay es algo más: una sensación de peligro inminente. Insisto en lo ya dicho semanas pasadas: los acontecimientos de Catalunya nos atañen a todos y las medidas represivas que allí puedan aplicarse lo harán también en el resto del país.

Estamos viviendo un bullicioso renacer de fervores patrióticos, ya casi olvidados. Es como si a esa gente que sale a la calle a agitar banderas no le importara el saqueo del fondo de pensiones, el pufo permanente del empleo, el dinero entregado a los bancos con cargo a todos los ciudadanos, los desahucios, la pobreza, la grave petición fiscal de condena del PP por corrupción… esto es demagogia, claro; el agitar banderas rojigualdas no, sino defensa de la patria, del rey, de la democracia y de la legalidad. No hay color, claro. Mientras unos cantaban a modo de himno rebelde la mala reputación de quien el día de la patria se queda en su cama por mucho que suenen los clarines militares que llaman a marcar el paso, otros no han parado de tararear, hecho himno del alma, el banderita tú eres roja, banderita tu eres gualda, el pasodoble marcial de la zarzuela Las corsarias. De la impune matonería fascista (a sus signos y símbolos golpistas me remito) ni mención porque sus atropellos les vienen bien. A nadie le puede extrañar que (en mi opinión) quienes mejor parecen haber dado con el «alma nacional» sean Goya, Solana, Valle Inclán, Berlanga, Azcona, Luis Cernuda cuando afirmaba ser un español sin ganas… porque esto es un esperpento con perfiles de astracanada.

         Seguir afianzando el régimen del 78/17 y de paso echar más leña al fuego de la última añagaza publicitaria que se les ha ocurrido: la del «orgullo de ser español» –¿por lo que es capaz de aguantar el ciudadano? Eso es propio de forzudos de circo– y regresar con ello a los desfiles militares como expresión popular de culto a la monarquía, a la fuerza y a la autoridad, y al uso de las mojigangas patrióticas como en los mejores tiempos de la dictadura, incluido el paseo de la cabra legionaria que para los más líricos «huele a libertad».

No sé a quién se le ocurrió, para lo del orgullo identitario, disfrazar a unos propios de soldados de los Tercios de Flandes -hasta con morriones, incorporados al imaginario andino todavía hoy‑ y hablar de su actuación heroica en los Países Bajos, sin hacerlo de cómo y con qué se financiaron aquellas guerras y del imborrable recuerdo que dejaron en aquellos países. Una vez más nuestra historia servida a conveniencia hecha consigna y verdad revelada. A cada cual su historia, cierto, pero podíamos dejarla un rato en paz y no buscar en ella la afirmación de nuestra identidad presente.

 Todo esto me recuerda la frase cruel de «como un mono con una cuchilla de afeitar», cuando lo cierto es que queriendo ejemplificar los destrozos, tal vez el animal se comportara con más cordura que nuestros gobernantes. Pero no perdamos la esperanza, todavía puede empeorar mucho el paisaje mientras sigamos gobernados por los mismos, dedicados a lo mismo. Seamos optimistas al menos en esto.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 15.10.2017

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