El escudo de Arquíloco

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*** Arquíloco, su escudo y las inclemencias del tiempo.

*** Insultos descarados, dengues de pasmados (los míos), silencios que truenan, olvidos de desmemoriados, rabiosas crueldades, mentiras descaradas hechas tanto munición de fuego graneado como jugosa dieta de trinchera, difamación a raudales, ganas de apuntillar al enemigo, galleras azuzadas a voces, bandería sin recato, víctimas y verdugos de ocasión ambos, trastiendas indescifrables, enconos viejos hechos nuevos por arte de birlibirloque, togados y no togados retorciendo leyes, justicia bajo sospecha de fundamentos ideológicos y sectarismo, mañas de tahúres con las riendas de la cosa pública en las manos…  ¿qué de raro puede tener que busques refugio en otra parte?

*** No participar a voces en la gallera general no quiere decir que te desentiendas de lo que ahora mismo sucede en la escena pública, sino que intentas coger distancia. Además, cuando no tienes propuestas que ayuden a salir del callejón en el que estamos metidos a qué repicar consignas o comentar lo que se comenta solo. El mentidero no es el mejor lugar para la reflexión y las ideas claras.

*** Y sobre todo, no esperes a comprobar en tu cabeza que no hay Caín que no se tome por Abel: huye, hazte humo… sí, pero lo cierto es que nunca te vas muy lejos. Unos y otros nos tenemos agarrados de  las solapas y no nos soltamos porque sospechamos que tal vez, si lo hicéramos,  no sabríamos en qué dirección echar a andar.

Un sayo ostenta hoy el brillante escudo
que abandoné a pesar mío junto a un florecido arbusto.
Pero salvé la vida. ¿Qué me interesa ese escudo?
Peor para él. Uno mejor me consigo.

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Un pensamiento en “El escudo de Arquíloco

  1. Hola Miguel

    Sí, un poquito de alegría es lo que he recibido a través de una carta de un viejo amigo: “Indignación y tristeza”, precisamente porque expresa un pensamiento real y necesario para asumir el estado actual que estamos viviendo y una clara defensa de la necesidad de conocer y aprender de la Historia, de nuestra Historia, algo que nuestros nefastos gobernantes nunca lo han hecho real y efectivo. Las dos Españas no han muerto, se despiertan y se manifiestan como los del cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”; usted debe saber bien que las transiciones en la Historia suponen pervivencias de los regímenes anteriores y en el caso de España eso es una realidad a pesar de haber transcurrido unos 40 años de democracia; y en el caso catalán pues parece que han pasado siglos y el problema no se ha resuelto y dudo mucho que se resuelva satisfactoriamente.

    Sabe, Miguel, pienso que esa unidad de todos los ciudadanos españoles debería ser una realidad respecto al estado de crisis económica, social, política y ética en la que nos encontramos, sí, unidad de todos y de todas frente a la deuda global del Estado español, frente a la muerte progresiva, lenta pero real, de nuestro Estado de Bienestar, frente a la peste de la precarización laboral, frente a unas pensiones públicas bajas, muy bajas, frente al vaciado progresivo de la hucha de las pensiones, frente a los progresivos deshaucios con la pérdida de viviendas, frente a una educación donde los conocimientos humanísticos están desapareciendo, frente a unos salarios bajísimos, frente a una cada vez mayor desigualdad…, esa es la unidad que todos deberíamos tener para lograr un país y una sociedad mucho más igualitaria, feliz y tranquila, con un estado de bienestar perdurable en el tiempo; de eso se trata y no de crear problemas territoriales anteponiendo los intereses materialistas individuales a un bienestar colectivo, que eso es lo que pretenden hacer con Catalunya, una imposición y reivindicación de intereses económicos férreos mostrando una vergonzosa e indignante insolidaridad. Cataluña a lo largo de siglos y especialmente a partir del siglo XIX y segunda mitad del siglo XX se ha llevado la flor y nata del resto de España, sobre todo de Andalucía; y ahora, ¡qué quieren más!.

    Nuestra democracia no es perfecta pero comparada con otros países tiene muchas ventajas, como apunta el escritor Antonio Muñoz Molina en su artículo “En Francoland”.

    Un abrazo

    https://elpais.com/cultura/2017/10/10/babelia/1507657374_425961.html

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