Irse por las ramas

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Por las ramas… o a secas. La tentación es grande, pero no te vas, sino que te quedas porque no te queda más remedio, porque no es tan fácil poner tierra de por medio.

Digo que escribo de la actualidad (más rabiosa que nunca) porque no me queda más remedio, pero quizás no sea solo por eso. Sé que detrás hay un sentido de la libertad, la justicia, la fraternidad elemental, la indignación ante lo que considero atropellos que  tal vez no pueda compartir con todos mis lectores, de la misma forma que yo no asumo por fuerza los suyos.
Veo a mi lado las carpetas de trabajos en marcha y, salvo los dietarios de los años 2016 y 2017, ninguno tiene que ver con esta actualidad que nos zarandea enconados. ¿Voy a lo mío o me parapeto en las ruinas de una torre abolida? No lo sé con certeza porque también percibo que esa actualidad rabiosa acaba colándose de frente o entre líneas en mi escritura. ¿Puedo, por el hecho de dedicarme a la escritura,  aportar algo de claridad al debate general y no solo porque el alcance de mis trabajos sea por fuerza limitado? Lo ignoro, de veras que lo ignoro, porque aunque no lo parezca,  no siempre son aburridas arengas airadas, sino necesarias voces de socorro, al menos para mí. ¿La sorna, las palabras vitriólicas, que sí, que son las mías, ya sea en un artículo semanal o en un guiñol novelesco, tienen su origen en el desacuerdo radical con la realidad que me guste o no vivo? Es más que posible. No veo cómo puedo zafarme del bosque y no me zafo, pero no hago metateoría del compromiso del escritor hecho predicador o Espartaco. Ni exijo explicaciones ni las doy, con expresar mis perplejidades me conformo.

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