Thomas de Quincey, una estampa

ESCOCIA 2008 191Me estaba acordando de una página para mí memorable de Thomas de Quincey en sus Confesiones de un inglés comedor de opio y de ahí me he ido a dar una vuelta por el cementerio de St Cuthberts, en Edimburgo, donde hay una lápida que le recuerda y muchos panteones tapizados de musgo con bajorrelieves muy bellos y otros destrozados o nido pavoroso de yonkis arracimados en sus penumbras,  y las jaulas contra los ladrones de cadáveres arrancadas aquí y allá. Se veía que él lugar tenía una intensa vida nocturna, muy de muertos vivos.  Jarreaba aquel día. Pero mejor que esos tenebros, esa página de De Quincey donde habla del invierno y de cómo pide a un imaginario pintor que le pinte una conversation piece sobre su biblioteca,  y mientras afuera sopla el ventarrón del invierno y la lluvia azota los vidrios de la ventana, en la chimena arde un buen fuego; hay varios miles de libros en las paredes… y «un litro de laúdano  rojo como el rubí; eso y un libro de metafísica alemana, darán testimonio de que me encuentro en las inmediaciones». La realidad, como siempre, muy otra: las deudas, el huir de los acreedores, la pobreza, la husma de boticarios a la caza de su opio,  la escritura alimenticia sobre todo y sobre nada, las rebuscadas extravagancias para protegerse del prójimo… Esa edición, de Barral Editores y 1975, tiene un prólogo excepcional del traductor, el peruano Luis Loayza que, cuando analiza la vida y obra de De Quincey, dice algo tremendo: «Todo quedó en colaboraciones para revistas y periódicos, es decir (pensaba De Quincey) en nada, y durante años le entristeció “el dolor de no ser lo que yo hubiera sido”, que tantos hombres conocen» y algo más que invita a la reflexión en los malos tiempos: «… la delicadeza, la cortesía y el buen humor fueron en él virtudes heroicas  y no simples modales de un mundo satisfecho y protegido».

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Un pensamiento en “Thomas de Quincey, una estampa

  1. Qualquier tiempo pasado fue mejor, decía alguien, pero no generalizado y menos en adictos a drogas , impensable ahora que todo el mundo sabe leer y escribir, pero nadie lee ni escribe, encontrar a quien salga el fin de semana a buscar “burundangas” y tenga una biblioteca en casa, es imposible…si tenemos una generación con el cerebro ocupado con un “Audi” y lo demás marihuana, los del droguerío solo la María y poco más, como robar a su madre desesperada, a todo lo que le rodea y tener droga mañana…

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