vivirdebuenagana

Hacerse todas las ilusiones posibles… (Josep Pla)

La edición de estas breves notas dispersas de título de verdad afortunado puede sonar a fonds de tiroirs, pero lo cierto es que no he parado hasta conseguirme un ejemplar de esta gavilla  de notas dispersas de Josep Pla, dejadas fuera de sus dietaris por una razón u otra. Siempre es grato ese reencuentro con las notas cotidianas de un escritor más que estimado, en el que aprecio no ya su prosa o mirada sobre las cosas, sino también sobre sí mismo, consciente del puritanismo hipócrita de sus posibles lectores. Devoción si quieren y la seguridad de que iba a encontrar alguna página soberbia, como así ha sido, en lo privado y aforístico, y en las consideraciones de la vida pública en una época de mucha mugre nacional. Di con él en una librería de Zaragoza. Comencé a leerlo el otro día en el tren, a mi regreso a casa –buen sitio para leer a Pla–, un par de páginas a carcajadas, y luego lo dejé, no por nada, sino porque a continuación de escribir con sorna vitriólica de la Iglesia, su financiación y del papel del Ejército, lo hace de Cataluña acogotada, de una manera que hoy solo está bien vista por los independentistas y no por los que comparan la singularidad catalana con el gusto por la butifarra, argumento este de una grosería pavorosa porque es malicioso.   Tengo curiosidad por leer los comentarios a esas páginas rotundas, inequívocamente catalanistas que explican el pasado y nuestro presente, de los habituales adalides del autor del Quadern gris Josep Pla, en las que, entre otras consideraciones, tanto de carácter, como historicas y económicas, afirma que Cataluña es europea «algo que no se puede decir de otras regiones de la Península». Si a alguien se le ocurre hablar de tres siglos de dominación castellana sobre Cataluña se le echan encima, si lo hace Josep Pla, silencio en la sala. La hipocresía nacional es algo patológico. Leer hoy estas páginas, escritas entre los años 50 y 60 del siglo pasado, sobrecoge. El de Pla es un análisis implacable del carácter y el problema nacional que con seguridad será desdeñado por personalísimo, «cosas de Pla, ya sabemos». No, no sabemos, no queremos saber, que es algo de lo que Pla acusa a Unamuno cuando este habla de Cataluña y su ambición independentista. No creo que se atrevan a acusar a Pla de desvirtuar o escamotear, de manipular o inventarse la Historia de Cataluña o el vivir en catalán, enraizado en el país del que habla, algo que sí hacen cuando alguien del presente se atreve a sostener lo mismo que sostiene Pla. Y otro tanto cabe decir de las acertadas consideraciones sobre el entramado estamental del país, ese que une Iglesia, poderes financieros y fuerza armada. El antifranquismo de Pla es evidente, pero más secreto que otra cosa, aun así, resulta demoledor. Se entiende que esas páginas en concreto hayan dormido el sueño de los justos. Resulta turbador reconocer las consideraciones sociales de Pla, muy radicales en algunos extremos, escritas hace casi sesenta años como si fueran de hoy. En una palabra: acojona.