Iría a los infiernos por saberlo

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Parada obligatoria en mi Viaje alrededor de mi cuarto, esta de Blaise Cendrars, en su Moravagine, claro, pero también en este relato de su participación en la PGM, en la Legión Extranjera, donde conoció a ese caballero Przybyszewski, un espcialista en «echarte polvo en los ojos», embacuador, charlatán, a quien llamaban Le Monocolard  y que le hace decir: «No sé si pueden entenderme aquellos que no han sido nunca la víctima predilecta de un estafador. Yo he sido privado de una amistad. Iria a los infiernos por saberlo. Dime, Monocolard, ¿quién eres?»…. algo que me he dicho a menudo, ahora mismo, mientras escribo de gente que conocí, con los que compartí las primeras lecturas de Cendrars, y cuyos fantasmas han regresado de golpe, frente al mar, por las calles de Biarritz, con olor a tinta y a pólvora, y a vino y a noche, a tren nocturno, a desvelo de calles desiertas, con el ruido de la resaca  en la oscuridad… ¿Quiénes eran en realidad, quiénes fueron? Tarde para preguntárselo.

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