Vísperas baztanesas

DSC_0308.jpeg

«Yo aquí que a gusto viviría» o «Yo aquí también escribiría», parientes ambos del muy repetido «Yo es que de aquí me iría» (referido al país de todos los demonios: el nuestro), dicen con entusiasmo tus visitantes de ocasión, pero luego se van sin mirar atrás. Con el monte y el bosque pasa lo mismo, son muy elogiados, pero es raro encontrarte con alguien. Y luego están los días de luz, sí, pero también los de sombra, días de color y días mortecinos de oscuridad insalvable, humos de fuego bajo y humo (antes) de taberna, vino, voces, y mucho ruido para acallar el silencio, o el gusano de la muerte. Horas de ensimismamiento y de soliloquio forzoso, no siempre hacia la claridad o la plenitud, sino hacia el embrutecimiento. La soledad es lo que tiene. En el apartamiento, voluntario o forzoso, se puede ganar y se puede perder. Menos poesía (mala) y más decir las cosas con la claridad de la boca pequeña. Lo que sí sé es que los amantes del espectáculo del mundo rural y la naturaleza en general escapan a la carrera, buscan refugio en la ciudad y en su trasiego, y hacen bien. Pla decía de la comida que era una pura ilusión del espíritu, la vida idílica en el campo, también, una fantasía. Si eres terrateniente igual es otra cosa, no lo sé. Los mitos y leyendas de los escritores en sus casas de campo y soledades son grotescos. Mac Orlan vivió mucho más tiempo en París que en  Saint-Cyr-sur-Morin, lo de Baroja en Itzea es de carcajada: un veraneante y no siempre… ¿Sigo? No, para qué. Pero quedar, carajo, cómo quedan los eremitas  en el escenario de papel; en sus eremitorios de lujo siempre, no en las casas descalabradas, heladas, ahumadas… Para la soledad hay que tener el cerebro de cemento armado y los nervios duros como cable de gabarra, que lo aguanten todo. He conocido heraldos de la vida del apartamiento rural que me contaban las excelencias del perder una mañana pendientes de un guiso para devorar en solitario y que ya medio locos consiguieron fugarse, y he conocido gente que en él vive, como exiliados de otra vida, porque no podría ya hacerlo  en otra parte. Hay excepciones, claro, como en todo. A cada cual su juego.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s