Recuentos (A cierta edad)

DSC_0301A cierta edad, como escritor, te das cuentas de que hay foros en los que no vas a participar porque se ha hecho tarde, más incluso que porque ya no serás invitado a hacerlo… e importan poco los motivos. Lo que valía o era deseable a los cuarenta años, ya no lo es cuando vas camino de los setenta.  Las prioridades son otras y es inútil perseguir lo que no hayas conseguido, e intentar gustar a toda costa, porque de gustar se trata cuando del público dependes, cuando menos en parte. Hay una edad para todo, digamos, como hay editoriales en las que ya no vas a poder publicar o volver a publicar, periódicos o medios de comunicación en cuyas páginas no escribirás, relaciones perdidas sin remedio y otras que es mejor no tener porque no hay nada en común –lo que , aulas universitarias que no vas a volver a pisar… parecen vientos en contra y en realidad lo son a favor o cuando menos indiferentes para algo esencial: seguir escribiendo. El escritor que, a cierta edad insisto, se deja vencer por esas aparentes contrariedades o esa falta inmediata de eco, está perdido, literalmente perdido.

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