Enramadas de sombra

Lo malo de las RRSS es que terminas por enterarte de lo que no quieres o en cuya ignorancia vivías y vives tan ricamente.

Asombra enterarte de cómo te han hecho la cama o segado la hierba debajo de los pies, entre burlas, humos, ruletas muertas y copazos en el casino del pueblón –¿dónde si no?–, tal vez en «el cuartico del crimen», en el sanedrín de los eschachafamas, como lo fueron sus padres y sus abuelos… si vivieras en Manhattan esto no pasaría…. Luego que no das un palo al agua, natural. Y tú mueves los hilos de los guiñoles descangallados… ¡Moriremos nosotros también!… Y tanto.

Era un sibarita del arte de hacer desaparecer todas las pruebas de la vida de los otros que estuvieran a su alcance y que pudieran siquiera remotamente incriminarle de la forma que fuera: no dejar huellas, rastros, pruebas, nada… una obsesión, una manía, un arte.

Qué misterio el de esa gente que desaparece de tu  vida por las buenas… y nunca te enterarás del motivo.

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