Madrid «tancado»

DSC_0447 copia 2Estuve ahí comiendo callos un día de nieve de hace más de quince años con Fermín Mugueta, escritor, guionista de cine, desaparecido en combate, el día que me pasó su novela inédita, policiaco-erótica, La brasa del veguero. Hubo vino de frasca y orujo. Mugueta, personaje de La nave de Baco y de alguna otra novela mía, fue mi compañero de fatigas en el tiempo en que viví en Madrid porque tenía su oficina de asuntos dispares, entre el cine y los espectáculos, en la calle Belén, con unas decoraciones de Carlos Franco. … Aunque también pudo pasar que nunca estuviera con Mugueta en esa taberna… ¿Entonces, con quién? Mugueta se fue un día de Madrid y fue muriéndose de a poco, tal vez por haberse ido. De Madrid no hay que irse. Nunca. Y sobre todo no hay que regresar jamás al lugar del que te has ido porque te sobraban motivos para hacerlo y menos con el rabo entre las piernas, me decía Ramón Rocha Monroy en las noches de Cochabamba, entre pijchu y pijchu. Dudo que me queden ganas de regresar a Madrid… ¿A qué? aunque quién sabe.  Frente a la taberna castiza había un comercio de corchos que ahora es una peluquería vietnamita; y cerca, abría otro de arte africano que no ha cerrado, sino que ha ido a más. Es asombrosa la cantidad de locales cerrados que he visto por ese centro de descalabro, mafias y vitalidad a raudales, y otros abiertos, conservando los letreros y cierres. Bares, complementos, embutidos, turistas, guiris de parranda, manteros, nuevos españoles, ojeadores, camelloes… un termitero.
Me he acordado de las comidas salvajes con Mugueta, pero en otro barrio, por Belén y aledaños, porque hoy  he almorzado, tarde, después del viaje en tren, por la parte de Arganzuela, en un bar de barrio reciclado en bar à vins y con una carta de nuevo casticismo fusión, para compartir, porque es lo que ponía en la carta y el estilo de la casa, esto es, para picotear:  enrollado de bacalao al pil-pil con huevas de mentaiko, adornado con cabellos de chile, creps de tinta de calamar rellenos de gambón, calamar y mejillones con alioli de lima, risoto de boletus con jugo de cordero y parmesano… lo más normal era el agua Solán de Cabras y la tarta de queso para el postre.

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