Carnaval

DSC_0003.JPGAyer fue carnaval en el pueblo y al atardecer hubo disfraces y cohetes, fuegos artificiales, mucho acordéon y canciones que llegaban de un sitio y de otro. Alegría de unos –niñas disfrazadas de faraales, piratas o caseras–, jolgorio de otros, melancolía de algunos. Para mí el carnaval pertenece ya a otra época, por no decir a otro mundo del que me voy separando o despidiendo un año tras otro, y un muerto tras otro. Un entierro en carnaval es cosa de Solana o cosa tuya a nada que te toque. Todo el año es carnaval, escribía Larra, y se repite la frase hasta sin reparar en lo que se dice, porque la máscara, para variar, siempre es otro. Ah, y tropezarse con una tropa de carlistas de antaño en medio de la nada, muy propios en sus uniformes de Carlos Chapa, bebiendo al ritmo de un acordeón parece sueño, pero era chupa mañanera.

obra-441Vuelvo poco a poco al Baile de Capellanes, de Ricardo Balaca,  que con El café, son sus cuadros que más me gustan, pero sobre todo ese que me sirve para imaginar los carnavales de Larra. Para qué perder el tiempo en calibrar errores o aciertos del pasado (de ayer mismo), si lo que de verdad cuenta es el presente, con cuanta más intensidad vivido, mejor.

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