Las cosas (de los vivos y los muertos)

DWO9-rHX0AAdtH8.jpg largeLos muertos ya no tienen  cosas, la dejan a su espalda, y ahí quedan, convertidas en incordio del que hay que desembarazarse cuanto antes, casi solo por perderlas de vista y seguir con la propia vida, proque las cosas d elos muertos rara vez encajan en la vida de los vivos: «no tenemos sitio», dice con una claridad que sobrecoge. El heredero forzoso, huye, y no sabe qué hacer con las cosas de la vida de otros. Antes me apasionaba ese mundo, ahora me acongoja cada vez más.
Conocí a un joyero anticuario especialzaido en peritaciones y testamentarias, que me dijo que podía darme argumentos novelescos para el resto de mi vida. Por sus amnos pasaban piezas verdaderamente raras que los herederos se disputaban de manera agria. Recuerdo una vez que me llamaron para preguntarme el precio de unos libros y detrás de la persona se oía con nitidez la bronca que tenían los hermanos por cuenta de los restos.
Y esto me trae el recuerdo de una parte sobrecogedora de Mercado de futuros, el espléndido documental de Mercedes Álvarez: el camino hacia los Encantes, los mercadillos, las Pulgas, los Rastros… los traperos de antes, chamarileros luego, mercaderes de postrimerías cuyas actividades nadie fiscaliza…

Mercado-de-futuro

 

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