Calle del Desengaño

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Gezurtegi, difunto,  personaje de varias de mis novelas, resucitado ahora mismo en «Recuerdos durmientes», solía decir: «Cuando los camareros te tratan de tú, las putas te saludan por la calle y pierdes continuamente al póker, ha llegado el momento de cambiar de ciudad». Lo solía decir cuando aparecía de improviso en escena escapando de alguna trampa, de algún embrollo raro que tenía a una geografía difusa (la del embuste) por escenario y antes o después de que, en la misma barra de bar, un contrabandista de armas tomar me dijera que si lo pillaba le partía las piernas. Muertos, todos muertos y Jesús las cosas que hemos visto en esa calle del Desengaño de nuestra ciudad invisible de la que guardo un adoquín de granito de la mañana muy lluviosa en  que Alfaguara me rechazó un par de novelas y encontré unos cuadros de un pintor que fue famoso en los 70′ y que habían terminado en un contenedor de basura. Podría haberme llevado más, pero los vagabundos urbanos se echaron en montón reñidor sobre el contenedor y se llevaron muchos, toda una época pop, homenaje a John Coltrane decía uno de ellos… pero esta no es otra historia, es la misma historia, la del desengaño y la de los recuerdos durmientes.

Un comentario en “Calle del Desengaño

  1. Gezurtegui,
    con apenas conciencia de sí mismo y menos memoria que un perrillo,
    pero dueño de la barra cuando se trata de contar con gracia
    episodios vergonzantes de los setenta.
    Así aparece en Bayona,bajo los porches.
    Con tu permiso Miguel, copio este diálogo del capítulo ” Al habla con Gezurtegui “,
    porque me gusta mucho:

    Gezurtegui: “Si un día se publicaran las listas de confidentes y de agentes más o
    menos oficiales de la policía franquista,solo entre el 65 y el 75, el país se quedaría
    mudo y más de uno acabaría con el garganchón rebañado,
    y más de una fama quedaría escachada”.

    A lo que el narrador de la novela replica:
    ” O no. Quién sabe. Este país tiene unas tragaderas de aúpa, parecemos avestruces.
    Lo tragamos todo”.

    Tragaderas. Confidentes. Judas que se venden barato y Caínes por todas partes.
    Montejurra 76: Otro agujero negro del que se sale gritando “AIré, Airé”

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