Masereel… y su ciudad

6a00d8341bfb1653ef017ee83feadc970dSiempre me ha gustado esa despedida del grabador Franz Masereel en su libro La ciudad. Vista así es una despedida alegre, que contrasta vivamente con esta otra de Federico Fellini en I vitelone

Hay ciudades de las que no te vas, no porque no quieras o no puedas, sino porque en realidad nunca has estado del todo en ellas, poco importan ahora los motivos.  Ayer mismo un amigo chamarilero que había cambiado de nacionalidad y se había hecho cubano como sus ancestros me dijo: que nacer en donde naces «es una desgracia como otra cualquiera». Irremediable por tanto. Hay un momento en que irse o quedarse no tiene la menor importancia: lo que cuenta es que no estabas, que la mayor parte de los intereses comunes te eran ajenos y que apenas compartías, cada vez con menos gente, algo que no fueran borrosos recuerdos infantiles, porque de los juveniles mejor ha sido hablar lo menos posible y del andar desarbolado menos todavía. Al final no tienes sitio porque no has sabido hacértelo. El desarraigo de fondo, la inestabilidad emocional, la inadaptación social ya sea la corta o a la larga, tienen mal arreglo… esto lo resumiría todo. Y el «adiós a todo eso», de Robert  Graves, se refiere a esto último y nada más que a esto último que solo a mí me compete. La escritura es otra cosa. El escritor donde vive es embarcado en su mesa de trabajo, lo demás, «servidumbres de paso.

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