Emboscaduras

DSC_0113Hacía meses que no pasaba por esos hayedos. Estaban muy frondosos y cuajados, como los helechales, gracias a que no ha parado de llover. Ayer mismo. Mentiría si dijera que los echaba de verdad en falta. Había olvidado el bochorno que vuelve el aire irrespirable y las espesas nieblas matinales. Que los haya pateado durante más de veinte años no quita para que piense que había llegado el momento de caminar por otras trochas. La deriva urbana es distinta a la del bosque y los cerros, pero no sé yo si los soliloquios que danzan al ritmo de los pasos son diferentes  o en qué se parece. ¿Es de verdad distinta la mirada, hacia fuera en una, hacia dentro en otra, o esto es una fantasía de dudoso lirismo? La mística del silencio la suele enarbolar gente ruidosa o que agitando la carraca del silencio llama la atención, porque de eso se trata, de llamar  la atención, de hacerse visible, más visible quiero decir, de destacar en la tristona realidad de no me acuerdo qué poeta.

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