Pío Baroja en el espejo de papel

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Baroja, según Bagaría, ilustrando un capítulo de «El tablado de Arlequín», en el primer número de la revista «España», enero de 1915. Revista en la que colaboró durante unos números y de la que se fue de manera brusca tras haber publicado un precioso trabajo dedicado al Circo, con ilustraciones de Bagaría también.
En 2007 pensaba que había dejado atrás a Baroja para siempre. No ha sido así. He vuelto a encontrarlo en sus espejos de papel, que fueron muchos y a examinar de más cerca biografías y autobiografías y alter egos o contrafiguras que sostienen mucho de los rasgos y episodios que el propio Baroja no llegó a trazar en sus páginas autobiográficas.
Baroja se convirtió tanto en un personaje literario o novelsco que no veo el motivo por el que no se pueda acercarse a sus peripecias vitales y a su obra desde la novela, desde ese territorio que se sostiene entre documentos y el cabe imaginar. ¿Por qué no?

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